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6:36:02 p.m.  

La industria agrícola de Estados Unidos está desarrollando una estructura para el lanzamiento de nuevas semillas transgénicas con el fin de evitar el tipo de trastornos comerciales a las que se les atribuyen cientos de millones de dólares en pérdidas en el último año. 

Grupos que representan a empresas de semillas, firmas de corretaje de granos y agricultores buscan aprobar el próximo año un conjunto de prácticas que podrían ayudar a los agricultores estadounidenses a sembrar nuevas variedades de cultivos genéticamente modificados y al mismo tiempo impedir que esas cosechas se dirijan a países que aún no han autorizado la importaciones de esos cultivos, indicaron representantes. 

Las negociaciones avanzan en el marco de una marcada caída de las exportaciones de maíz estadounidense a China este año, después de que los reguladores chinos empezaron a rechazar a finales de 2013 las entregas de maíz estadounidense que contenían un tipo de maíz biotecnológico que aún no había sido aprobado en el país asiático. 

Las compañías de granos incluyendo Cargill Inc. y Archer Daniels Midland Co. han demandado a a Syngenta AG, la empresa suiza de semillas que desarrolló ese maíz, acusándole de causarles decenas de millones de dólares en ventas pérdidas. Agricultores estadounidenses han presentado 180 demandas por separado en las que culpan a Syngenta por los menores precios del maíz que se desprenden del rechazo de las entregas. Los representantes de Syngenta han afirmado que los casos no tienen mérito, y que la empresa ha sido transparente sobre el proceso de aprobación del maíz. 

“Este es un mundo de corretaje global”, apuntó Frank Terhorst, director global de semillas de la división agrícola de Bayer AG que vende semillas genéticamente modificadas. “Entre más alineados estemos como industria, mejor”. 

Las discusiones de la industria, convocadas bajo un grupo llamado U.S. Biotech Crops Alliance, buscan crear directrices voluntarias que guíen a las empresas de semillas a comunicar sus planes de vender productos nuevos, determinando qué mercados de exportación podrían ser necesario evitar, y cómo gestionar el grano a medida que avanza por los elevadores, trenes y puertos. Syngenta ha participado en las discusiones mediante su membresía del grupo comercial semillero, según un vocero de la empresa. 

“Nuestra meta es mantener el acceso del mercado a las exportaciones y la tecnología”, señaló Nathan Fields, director de biotecnología de la National Corn Growers Association, la asociación de productores de maíz que representa a agricultores y participa en las negociaciones. Anotó que el objetivo del grupo es completar las directrices para abril para que las revisen las empresas y los grupos agrícolas. 

Las operaciones chinas avícolas y ganaderas se han expandido con celeridad, lo que ha ayudado a convertir a China en el cliente de mayor crecimiento para el maíz estadounidense en años recientes, con compras por US6 millones en 2013. Pero tras el rechazo de las exportaciones, las ventas del maíz estadounidense a China descendieron 87% por peso para el año concluido en octubre, según el Departamento de Agricultura de EE.UU. 

Syngenta dijo el viernes que prevé que China apruebe su cepa de maíz Viptera, la misma que ha generado los rechazos, en “el futuro cercano”. 

Este caso ha suscitado un debate dentro de la industria agrícola sobre cómo gestionar las semillas nuevas en momentos en que se intensifica el escrutinio de los cultivos biotecnológicos, que son genéticamente modificados para hacer que las plantas resistan los fungicidas para eliminar la maleza y los bichos destructivos. Para los productores de semillas, esperar a recibir la bendición de China puede extender el periodo de ocho a 10 años que normalmente se requiere para desarrollar y obtener la aprobación para productos nuevos, incluso cuando otros grandes mercados como EE.UU. los han aprobado. 

Algunas compañías de semillas han establecido reglas estrictas en torno al lanzamiento de nuevos productos desde que China empezó a rechazar el maíz estadounidense, mientras que otras han decidido no lanzar semillas nuevas hasta que reciban la aprobación de los reguladores chinos. 

Informó en noviembre que ofrecerá una nueva línea de maíz genéticamente modificado para la venta a agricultores estadounidenses el próximo año, pero solo si aceptaban emplear el maíz cultivado a partir de las semillas para alimentar animales que habitaban en la misma granja y no venderle nada a empresas de granos. Después de que algunas firmas de corretaje de granos impusieron restricciones a la compra de otra cepa transgénica de maíz lanzado por Syngenta este año, Syngenta anunció en febrero que la firma de granos Gavilon LLC había acordado comprar ese maíz a los agricultores. 

“Analizamos muchas opciones distintas”, anotó Joe Vertin, que supervisa los nuevos productos de maíz en Dow. Dijo que el plan de Dow seguiría vigente para 2015 pero que la empresa aún no había decidido si las restricciones a la comercialización del maíz continuarían más adelante. 

Bayer, que tiene una soya transgénica que ha aguardado la aprobación de China durante siete años, no lanza este tipo de productos sin antes recibir la autorización del país, señaló Terhorst, debido a la magnitud del país como comprador de soya estadounidense. 

Las empresas agrícolas estadounidenses mantienen la esperanza de que China apruebe con mayor rapidez los cultivos transgénicos. En noviembre, el presidente Barack Obama planteó el tema durante una visita a Beijing, en la que se reunió con el presidente chino Xi Jinping. 

“Miramos a China para que apruebe los avances de biotecnología que son fundamentales para alimentar a un creciente planeta siguiendo el mismo cronograma que otros países”, expresó Obama.

(Fuente: LWC)