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10:14:59 a.m. 

Habían pasado poco más de veinticuatro horas desde que Paco de Lucía tocó en La Habana, y desde que, ya en el coctel con músicos y organizadores del Festival que lo trajo a la isla luego de 25 años, un rostro, uno entre todos los que llegaron a saludar, llamó la atención del español. 

“Yo a usted le conozco”, dicen que dijo.”Pancho Céspedes, maestro”, le respondió este. Y ya de pie, el guitarrista le afirmó:”Usted ha escrito la canción más grande que he escuchado en mi vida”. Con seguridad, Vida loca, también así llamado el disco más vendido en la historia de la música cubana. 

En unos minutos, Pancho va a cantar Tú me acostumbraste y Ernán López-Nussa ya sondea el piano que le ha afinado Florita, pequeña y callada mujer de unos sesenta años que no deja de mirar cómo el primero contesta mis preguntas a flashazos mientras insiste en recorrer casi de puntillas todo el Estudio 1 de Abdala al ritmo de “esta vida loca, loca, loca…”. 

Vivía en La Ceibita, en Santa Clara. Había (hay) allí una tarja, pero no recuerda (no recuerdo) por qué. Cuando nació, el padre construyó una casa que todavía está en pie (dos plantas, naranja, camino a la “Terminal vieja”). 

Su madre era profesora de Historia; su padre, veterinario. Ya adulto, Pancho supo que había sido revolucionario y que el Che le agradeció en una carta el haberle llevado medicamentos al Escambray. El padre es su ídolo. Si tiene ídolo, es el padre. 

—¿Por qué dices que te fuiste “de gira”? 

Porque aquello de “me fui” o “me quedé” son sólo palabras de moda. Son términos físicos. Yo nunca “me voy” ni “me quedo” en ningún lugar. 

—¿Ha sido buena la gira? 

Ha sido. 

—Hiciste tu carrera musical fuera de la isla… 

Ya en Cuba cantaba, ¿sabes?... Sí, realmente, mi carrera despuntó en México, ese país al que amo profundamente. Es fascinante. Lo amo porque ahí nacieron mis hijos, y porque ese país me dio la parte egoísta que uno también mira: me sentí compositor. 

—Compusiste para Luis Miguel… ¿Cómo lograste “conectar”? 

Cuando quieres conectarte, te conectas... Creo que yo he estado conectado desde que nací, ¿sabes? Siempre he tenido eso de estar, como se dice, “en el momento y en el lugar precisos”. 

La disquera, major en la industria musical azteca, le hizo un demo, y en aquellos estudios grabó Luis Miguel la primera canción de Pancho que se hizo célebre en ese país. 

Todo el mundo iba a escuchar mis canciones… eso era lo único que me pasaba por la cabeza cuando oí por primera vez a Luis Miguel cantando Pensar en ti. Tú no tienes quizá mucha idea de lo que es el capitalismo y de lo que te hace… es otra forma de entender las cosas y la vida, y el éxito. 

—¿Tú tenías ya esa idea? 

Bueno, imagínate que la única experiencia anterior “afuera” había sido en Nicaragua cuando todo era “para el Frente”. Y había viajado en un T-U, un avión como el que aquí yo tomaba para ir a Oriente. Fue una experiencia linda esa, no creas… salvo que cuando llegué a Cuba, mi padre había muerto una hora antes. 

“Por esa época me enamoré aquí de una rubia hermosa, la madre de mis hijos. Venía todos los meses… ¡El dinero de Luis Miguel casi no me alcanzaba para los viajes; pero es así: cuando uno se enamora, se enamora…! Me casé en el Palacio de La Víbora”.

Pasarían seis años antes de que saliera el primer disco de Pancho Céspedes como autor e intérprete: Vida loca, un fenómeno de ventas como no ha habido otro en la música cubana y que sedujo hasta a Paco de Lucía en la España de 1998.

En realidad el disco se hizo en el ´97, y en el ´98, casi por compromiso, lo pusieron en una emisora universitaria donde pasaban los temas dos y tres veces al día. En ese impasse lo conoció André Midani, “el tipo que lanzó el bossa nova”. 

Midani estaba entre los que se habían ido de Brasil a México cuando la dictadura, después de haber hecho huelga mucho tiempo, y a los 73 años era el jefe de Warner. Vio al cubano en El Candelero, dando vueltas, cantando “de la forma en que yo canto”, y le dijo: 

Pancho, tú eres la prioridad de Warner, por encima de Luis Miguel. Un chiste del que rió el mulato, curado de espanto. Pero ese mismo día, a regañadientes, llevaron a Alejandro Sanz a verlo. Lo escuchó, se llevó el disco a España, y a los tres meses, Pancho Céspedes tenía cinco discos de platino en ese país. “Y de ahí en adelante vinieron experiencias tremendas, y me hice una vieja llorona… 

—¿Te interesaba que se supiera en Cuba? 

¿…Que me había vuelto una vieja llorona? ¡Noooo! En Cuba se sabía todo. Se ponía mi música en todas partes. 

Quiere pensar que en algo hizo bien a los ´90 y principios de los 2000 en Cuba, estando lejos. Le sorprende cómo la gente quiere, “del verbo amar”, más allá de una presencia física… “va a ser que soy medio simpaticón”. 

Nació siendo el niño más famoso de su casa, el pequeño de los padres, el intocable, y la fama no le dice nada aunque gusta de los buenos momentos que le ha concedido. 

Sabor a mí es de las primeras canciones que interpretó en la vida, y se ha emborrachado con ella un montón de veces, pero el mundo entero se embriagó con Vida loca. Pancho Céspedes era capaz de cantar con delirio, de tomar completamente un escenario, y de recogerse en una canción como Tú me acostumbraste, esta que va a defender para el piano de Ernán López-Nussa en apenas unos minutos, en un estudio de grabación en La Habana. 

…Estoy aquí, pero sin planear muchas cosas. A estas alturas ya no planeo nada... 

—¿Grabas en Cuba por primera vez en cuántos años…? 

Pero Pancho ya no me escucha. Se ha metido dentro de su propio pensamiento y sólo dispara, dispara frases sin percibir nada a su alrededor. 

…Y sin nostalgia. Al principio, la nostalgia era dolorosa, pero ya no.

(Versión de entrevista realizada por Marianela González para Cuba Contemporánea, 2013)