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8:48:10 p.m.

Holanda, una vez más, tiene su condena. No importa si pasan 100 años, no importan las cuentas que se saquen, los pronósticos, la superioridad. Nada. Holanda, simplemente, tiene un castigo divino sobre sus espaldas naranjas, un maleficio cruel, que les permite nadar, nadar y nadar para luego morir antes de llegar a la meta.

En otros tiempos, este embrujo no parecía justo, porque Johan Cruyff, Johan Neeskens, Rob Rensenbrink y compañía jugaban como máquinas, en un espectáculo sublime, un despliegue de todos (los hombres) y de todo (el arsenal). Sin embargo, pasadas más de tres décadas, no queda la misma sensación.

Ahora, Holanda ha perdido en penales con Argentina y tengo la percepción de que no se ha sufrido de la misma manera, porque el ideal que ha caído esta a mil años luz de marcar pauta en el balompié. Cierto, en la cancha estaban Robben, Van Persie, Sneijder, Vlaar, futbolistas de cartel que merecían más, pero la idea en sí, el planteamiento, la estrategia, dista mucho de aquel pregonado fútbol total, el cual daba pena verlo perecer.

De eso queda poco, y lo más cercano que tenemos en la actualidad se llama Alemania, con una banda de tanques que meten la pierna, corren, regatean y meten goles, siete si el rival anda afligido y escaso de argumentos.

Pero no nos desviemos: Argentina-Holanda. Ciento veinte minutos, poco más de dos horas de relativo vértigo, porque se corrió mucho aunque sin mucha verticalidad, sin asedios profundos a ninguno de los arcos, que esta vez no temblaron por bombazos de Sneijder, Messi o Higuaín.

El juego, en honor a la verdad, fue de cierta calma, sin sobresaltos, salvo algunas llegadas de Robben, que se encontraron una y otra vez con el omnipresente Javier Mascherano, los dos pulmones de Argentina y su corazón de punta a cabo, un secante perfecto, intuitivo y poderoso.

Frente a él, el holandés de entradas pronunciadas y veloces piernas poco pudo hacer, ni siquiera cuando Sneijder lo habilitó con un taquito de fantasía, de libro de cuentos, que el atacante del Bayern Munich remató muy a la usanza de un troll.

El resto fue más de lo mismo, las siempre temidas cabalgadas de Messi, sus tiros lejanos y un casi gol del «Pipita», que si entra hubiera sido un escándalo, no por la factura, sino porque el linier ya había activado su brazo hidráulico bandera en mano.

Excepto por eso y dos remates sin fortaleza de Rodrigo Palacio y Maxi Rodríguez en el epílogo, nada más sucedió en el Arena São Paulo, que esperó toda la noche por la entrada de Memphis Depay, revolucionario holandés con ganas y argumentos para cambiar el aburrido ritmo del partido.

Y aquí está la clave de todo un partido. Si te pasas meses entrenando, buscando los jugadores adecuados para machacar a los rivales en la Copa y por fin levantar un título, pues cuando llegue el partido de la verdad —o uno de ellos— mete toda la carne en el asador y no reserves de cara a los amistosos y la eliminatoria.

Eso, en palabras simples, es apostar a la lotería, es casi como jugar a la ruleta rusa, y el técnico Louis Van Gaal pecó en ese sentido, porque tenía armas de calibre en el banquillo y prefirió solo mirarlas, en el más absurdo armisticio recordado en los Mundiales.

Tal vez lo hizo por miedo o por la confianza que le inspiraba haber ganado en penales a Costa Rica, aunque aquel día contaba con un tipo llamado Tim Krull que, por la vestimenta verde y sus manos sólidas, parecía más bien el monstruo Hulk.

Ahora, con Cillesen en un atuendo gris y dedos de mantequilla, la suerte no fue la misma, porque los penales son una lotería, da igual quién lance primero. En la tanda, nada tiene sentido, las estadísticas hacen las maletas y se van de vacaciones, y puede ganar un portero suplente u otro de mala fama, con una inmensa lista de detractores.

Justo eso sucedió con Sergio «Chiquito» Romero, criticado por media Argentina durante mucho tiempo, y encumbrado en la gloria por llevar a la albiceleste, 24 años después, a una final mundialista. Hoy, mañana y hasta el domingo, el hombre de Misiones es todo un héroe y nada más…se ganó la lotería.

(Fuente: Granma)