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Pesó la historia, la presión, un travesaño bendito y la acción de los dioses del fútbol, posados en los brazos del Cristo del Corcovado, o mejor aún, diseminados por el césped del Mineirao y en la mayoría de las butacas de los 57 mil 714 aficionados que colmaron el estadio de Belo Horizonte.   

Pesó la historia, la presión, un travesaño bendito y la acción de los dioses del fútbol, posados en los brazos del Cristo del Corcovado, o mejor aún, diseminados por el césped del Mineirao y en la mayoría de las butacas de los 57 mil 714 aficionados que colmaron el estadio de Belo Horizonte. 

La grandeza, de la mano de la agonía y de las dos enguantadas de Julio César, tuvo esta vez un rol esencial en el desenlace favorable 3-2 de tanda de penales, y contrario a lo sucedido en las tres veces anteriores en las que la Canarinha derrotó a La Roja chilena —semifinales de Chile 1962 (4-2), y octavos en Francia 1998 (4-1) y Sudáfrica 2010 (3-0)— el partido transcurrió por cauces de batalla campal, con total paridad, un once dirigido por Jorge Sampaoli totalmente bien plantado en la cancha, conectado en sus líneas, sobrio en defensa. 

Pero eso, a Chile, no le rea suficiente, pese a contar con la generación de jugadores más talentosa de los últimos tiempos, amén de desplegar un juego ordenado, preciso y de buscar el gol y el resultado. No le bastaba porque del otro lado de la cancha, sin un atisbo apenas de ese jogo bonito estaban justamente los brasileños, sus históricas «bestias negras», las mismas que en 26 duelos disputados en el Gigante Sudamericano no habían tenido la más mínima piedad con sus adversarios: 20 sonrisas y seis empates, además de una brumador balance goleador de 66 por 17. El de este sábado entonces, no podía ser la excepción. 

Y estuvo a punto de unirse el cielo con la tierra en el Mineirao, de sumirse los casi 200 millones de brasileños en un luto solo comparado con el del Maracanazo, uno que sin importar el paso de 64 años, estuvo a punto de revivirse, de no ser por la magistral exhibición de reflejos de Julio César en el 64’, capaz de frenar el cañonazo a quemarropa de Aránguiz por derecha, de no ser por la alianza mágica del travesaño, casi desenterrado con el zapatazo del suplente Mauricio Pinilla en el 120. Esos fueron avances chilenos, además de las incombustibles incursiones de Alexis, la mejor conexión del propio Aránguiz con Marcelo Díaz, Isla y Vidal en el medio sector. 

Sí, es cierto, la tierra se estremeció, el cielo se encapotó y afortunadamente para los hinchas del Scratch el diluvio que presagiaban los botines rojos, no se desató. 

La calma para los anfitriones, momentánea por cierto, llegó en el minuto 18, luego de que David Luiz rozara de manera casi imperceptible un balón peinado por Thiago Silva en un tiro de esquina. 

Entonces tocaría el turno de Alexis Sánchez, capaz de echarse a los suyos en sus zapatillas, tras una ingenua entrega de Hulk en un saque de banda. Madrugaron los chilenos, le quedó a Alexis en el área y como el verdadero ariete que es, la mandó a guardar. Era el 32 y un silencio sepultar se apoderaba del Mineirao. 

Buscaría Hulk su total redención en lo que quedaría de desafío. A tal punto que de no haber sido por las dos atajadas de julio César en la tanda de penales, hubiese merecido la designación de mejor jugador del choque. 

Sin embargo la tónica, salvo en los compases finales del complementario y ambas prórrogas no varió. Tal pareciera que los auriverdes esperaran esos minutos finales de cada acto para intentar carburar. Diluidos, sin conectar en el medio campo. Ni Fernandinho ni Oscar asumieron su rol, no asomaba sobre la grama el tan elogiado jogo bonito de antaño. La apuesta pragmática de Luis Felipe Scolari continuaba, con el handicap adicional de que s crack Neymar, averió su chip de genialidad del segundo tiempo en lo adelante. 

Hasta que sacó a relucir su potencial y arsenal desde los 11 pasos. No importó el fallo inexplicable de un William con piernas frescas, tampoco importó el paradón de Claudio Bravo sobre el misil de Hulk (muy al medio). Tomó carrera en el quinto y definitivo cobro, tuvo un ligero flasheo su estampida y ahí le descubrió el alma y las intenciones a Bravo, para terminar cruzándolo raso al poste izquierdo. 

Chile lloró, desde Santiago a Valparaíso, lloraron en Belo Horizonte sus jugadores, sufrió Sampaoli. 

Brasil está en cuartos, pero no sonríe, más bien sangra, y urge de análisis y estrategias que le posibiliten vencer los cuartos de final y continuar su andadura sobre el vencedor de la batalla entre Uruguay y Colombia. Los despido con otra estadística interesante: 

En la historia de Copas del Mundo los pentacampeones habían anotado, sin contar los del encuentro, 19 de 25 penales, para un 76%, Chile 3 de 5 para un 60%. (Fuente: Granma)

Ficha del partido 

Brasil (BRA): Júlio César; Dani Alves, Thiago Silva, David Luiz, Marcelo; Hulk, Fernandinho (Ramires 72’), Luiz Gustavo, Oscar (William 106’), Neymar; Fred (Jô 64’).

Goles: David Luiz 18’

Tarjetas: Hulk 55’ Luiz Gustavo 60’ Dani Alves 106’ 

Chile (CHI): Bravo; Jara, Medel (José Rojas 108’), Francisco Silva; Eugenio Mena, Marcelo Díaz, Aránguiz, Isla, Vidal (Pinilla 87’); Vargas (Gutiérrez 57’), Aléxis.

 Goles: Aléxis 32’

Tarjetas: Eugenio Mena 17’ Francisco Silva 40’ Pinilla 102’ 

Árbitro: Howard Webb 

Estadísticas 

Posesión: Chile-51%, BRA-49% 

Disparos a puerta: Chile-13, BRA-23 

Faltas: Chile-23, BRA-28 

Fuera de juego: Chile-3, BRA-2 

Estadio: Mineirao