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Las parrandas de Camajuaní volvieron a estremecer a todo un pueblo este 5 de abril. Aunque no se realizaron en la fecha habitual, la alegría y entusiasmo desbordados no fueron menos. Desde niños pequeños hasta ancianos con bastones festejaron en grande la mayor fiesta popular tradicional de la tierra camajuanense. Los chivos recrearon la obra Kali decapitada. (Foto)

Una vez más los barrios contrincantes Chivos (Santa Teresa-La Loma) y Sapos (San José-La Cañada), demostraron su eterna rivalidad a través de los fuegos artificiales, changüíes y deslumbrantes carrozas. 

Decenas de temas de la historia, o fantásticos, han sido recreados por los barrios durante décadas de parrandas. En esta ocasión, los chivos acudieron a la cultura hindú. Reprodujeron en su carroza el cuento Kali decapitada, de Margarite Youcenar, que trata sobre una diosa india que fue decapitada, y luego su cabeza, unida al cuerpo de una prostituta.  

Los sapos, por su parte, se trasladaron en el tiempo hasta el palacio de Versalles, en la Francia de los reyes María Antonieta y Luis XVI. Fastuosidad, colorido, ingenio y arte se unieron para dar vida a la carroza del barrio San José.

Meses de trabajo, desvelo y esfuerzo se transforma en una verdadera obra artística para tan solo unas horas de gloria, pero que queda en la mente y el recuerdo de quienes la viven.

Desde horas de la tarde del día de las festividades, hasta la madrugada de la jornada siguiente, los pobladores y visitantes de Camajuaní no cesan de bailar, cantar y disfrutar de las parrandas --declaradas el pasado año Patrimonio Cultural de la Nación--, una las tradiciones culturales más fuertes de Cuba, en territorios de la zona centro norte del país. 

Las parradas de Camajuní volvieron a encender las pasiones de un pueblo que no cejará nunca en su empeño de mantenerlas vivas, para el disfrute de las generaciones presentes y futuras.

(Fuente: VanguardiaFrancisnet Díaz Rondón)