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9:10:58 a.m. 

Yo no me estoy despidiendo/ solo les devuelvo el cargo/ pienso por un tiempo largo /vivir y seguir viviendo/. Siempre me verán pidiendo /más trabajo y no nivel /dispuesto desde la piel / el corazón y el sentido /a luchar por mi Partido por la Patria y por Fidel.

La muerte a veces no sorprende. Escuché la noticia como algo que estaba por llegar y vinieron a mi mente los más gratos recuerdos de un hombre que vivió a plenitud sus 91 años; lo mismo en las penurias del campo y la forja de la subsistencia, que en la lucha por las reivindicaciones de los guajiros, en su incomparable liderazgo o al asimilar cada condición que le impuso la vida. 

Un día llegué a la casa de José Pepe Ramírez Cruz, en Miramar, y me sorprendió un letrero que en rojo y azul se destacaba sobre la puerta: Tocar fuerte, con los puños. ¡Pero no con los pies! Je, je, je. Me abrió en plantillas de medias, ajustándose el cinto y una amplia sonrisa: «No te esperaba tan temprano, como las mujeres no suelen ser puntuales». 

Me contó de Bijarú, donde había nacido el 22 de diciembre de 1922 y de Arroyo Seco, allá en Holguín, cuando vivió en un rancho vara en tierra que fue agrandando y dividiendo en la medida en que sus primeros ocho hijos vinieron al mundo. También de aquella noche en que se le escapó al cabo Mas, se escondió en un barrio cercano y al amanecer supo que este había sido uno de los asesinos de 23 revolucionarios en las conocidas Pascuas Sangrientas. 

Pepe, humorista nato y de excelente memoria, me dijo: «Lo más lindo que me ha sucedido desde que soy dirigente campesino fue conocerte a ti, porque aquel día, en que te vi por primera vez en la Nueva Cuba, de Cabaiguán, hablábamos de los avances del movimiento cooperativo a partir del ejemplo de esa CPA». 

Un poco más serio confesó: «No dejar de ser campesino es lo más lindo que me ha sucedido; pensar en ellos, tratar de acabar con el individualismo y percibir que me sienten como un familiar más. Y la confianza que ha mantenido Fidel en mi gestión, ese cariño que me ha manifestado me hace sentir muy feliz». 

Cuando lo escogí como guía para escalar hasta la Comandancia de La Plata, pensando que bien entrado en la tercera edad me daría ventaja, me equivoqué rotundamente. A duras penas me mantuve detrás de él oyendo anécdotas de su incorporación a las luchas campesinas, la organización del Congreso Campesino en Armas, el impacto que tuvo la Primera Ley de Reforma Agraria, la constitución de la Anap y su designación como presidente. 

Recordó la etapa en que le detectaron una afección en las cuerdas vocales y fue al Partido a plantear que buscaran un sustituto escribió las décimas que encabezan este trabajo.

«Siempre me verán pidiendo más trabajo y no nivel, dispuesto desde la piel, el corazón y el sentido, a luchar por mi Partido por la Patria y por Fidel».

Después mantuvo una intensa actividad laboral, colaborando con el desarrollo rural. En 1999 recibió el Título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba; le pregunté que si se consideraba un hombre puro y respondió tajante: «¡Seré puro cuando me muera!» 

(Fuente: Trabajadoras)