20140102145535-al-paso-de-elefantes-y-hormigas.jpg


8:44:33 a.m.


Por Mercedes Rodríguez García 


Algunos lo dicen francamente: «No veo la luz». Bueno, existen padecimientos que impiden la visión, y otros que la limitan o dificultan. Digamos mejor que les cuesta despejar las sombras por sufrir una especie de molicie que a su vez les imposibilita levantar un poco el lomo para salir a disiparlas, o agacharse para rastrear en la penumbra y encontrar el diminuto pedernal que les proporcionará la chispa. 

Pero así es el mundo. Lleno de invidentes por querencia propia, que son los más difíciles de tratar. Aunque también los hay impacientes, desesperados, arrebatados que no soportan el paso de los elefantes, pero tampoco el ajetreo de las hormigas. Gente que no se aviene a ningún paso, y lo que es peor, frenan el de quienes avanzan sin voltear la cabeza atrás, hombres y mujeres abre- camino- al- andar. Gente que por su inteligencia, paciencia y firmeza puede comparárseles con esos enormes mamíferos de fabulosos colmillos y enormes orejas, o con los industriosos insectos, ejemplo increíble de disciplina y organización. 

Mas, como dice la guapachosa canción, «la vida es un carnaval», presupuesto que acepto únicamente en el sentido de la diversidad, y jamás por lo que de mascarada, comparseo y otros regocijos bulliciosos distinguen ese tipo de jolgorio en casi todo el mundo. Un mundo patas arriba, que no podrá ser jamás el de los cubanos, precisados de avanzar, avanzar y avanzar, sin equivocaciones,  para que nuestra economía se acabe de recuperar, prosiga su ascenso, de manera  paulatina y segura, con o sin bloqueo, y consiga credibilidad internacional. 

Se trata de adelantar al paso de elefante: lento pero aplastante. Dicho a la manera del  Raúl, «sin prisa pero sin pausa»,  filosofía que disgusta  a quienes, según el propio Presidente «nos apremian a acelerar el paso»,  empujándonos de ese modo «al fracaso, a la desunión y a dañar la confianza y el apoyo del pueblo en la construcción del Socialismo». 

Y no será de otro modo, aunque el corazón nos pida «avanzar todavía a mayor velocidad», lo cual «en lugar de adelantar en la materialización de un programa conduce al retroceso y la derrota», palabras del General de Ejército, que bien sabe lo que «ocasionan violentar el ritmo y saltarse etapas»,  lecciones muy bien aprendidas en carne propia, y que concluidos los 12 meses del calendario, conviene tener presente, para no pecar de románticos o de aerostáticos soñadores. 

Algunos dicen de 2013: «Un año malo», condicionado por  las urgencias e imprevistos de proyectos sin base sólidas e indicadores no satisfechos. Otros, ni siquiera pueden calificarlo porque en el camino volvieron a invertir el catalejo y extraviaron totalmente el rumbo. Pero sí, ha sido un año difícil. No tanto para quienes, en operaciones ilícitas hicieron o trataron de hacer «próspero y sostenible» su bolsillo y el de los suyos, sino para quienes la economía doméstica pende únicamente de un salario en moneda nacional y que gracias a mil piruetas logramos estirar y trocar una parte en pesos convertibles. 

Y no sé exactamente hasta cuándo. Pero en materia de unificación monetaria y cambiaria, las transformaciones tardan años debido a un enrevesado proceso de creación de reservas financieras, acompañado de transformaciones jurídicas, contables y estadísticas graduales en aras de garantizar la mayor estabilidad económica y, en nuestro caso,  la mejor seguridad para todos los miembros de la sociedad. Cabe esperar entonces la introducción acompasada de tasas de cambio diferenciales por sectores. 

Pero ello no será «la solución mágica de nuestros problemas», así reconocido por Raúl en su discurso de clausura del Segundo Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, este 21 de diciembre. Aunque sí, aclaró, «contribuirá de manera decisiva a mejorar el funcionamiento de la economía»,  y reiteró que la superación de los problemas que hoy afectan a la producción de bienes y servicios y los ingresos de la población, sólo será posible mediante profundas transformaciones económicas «sin igualitarismos ni injusticias», para beneficio de todos los cubanos. Incluso para esos que no ven la luz, y que tampoco intentan hallar el pedernal conque encender la hoguera del trabajo, que es la única y verdadera luminaria de prosperidad y sostenibilidad. 

Ya llegó 2014, y el tiempo sí que pasa raudo y veloz. Sentarnos de brazos cruzados lo que nos depare, no es lo correcto.  Tampoco, entusiasmarnos demasiado. Entonces, ¿cuál es la «seña» para disipar el camino de los tenebrosos? Palabras de Raúl: «El camino que hemos escogido no estará libre de obstáculos y riesgos, pero el éxito dependerá de la inteligencia, paciencia y sobre todo la firmeza con que actuemos, con el apoyo de nuestro pueblo y de los propios trabajadores de este sector, que mayoritariamente cumplen las disposiciones vigentes». 

Los que tengan ojos, vean. Los invidentes por querencia propia, pupilas avizoras. La marcha sin prisa pero sin pausa indica cautela, orden, disciplina, exigencia. Siempre con la luz larga encendida, con la paciencia de los elefantes, y también con el ajetreo de las hormigas.