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«Madiba» siempre recordaba el respaldo del cubano durante sus 27 años de prisión, el apoyo «revolucionario en Angola» y las visitas que se prodigaron.

Admirado en el mundo entero, Nelson Mandela mantuvo también una relación emblemática con un país latinoamericano y, en particular, con un hombre al que prodigó sus afectos al sur de Estados Unidos: el cubano Fidel Castro.

Como un «viejo y venerado amigo» lo recordó Castro en su última carta pública dirigida a «Madiba» en 2010. «Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro, una torre de fuerza», elogió el fallecido ex presidente sudafricano alguna vez al cubano. Una de las históricas fotos de Mandela desempolvadas ahora lo muestra a punto de abrazar efusivamente al viejo revolucionario latinoamericano, en una de las pocas ocasiones en la que se ve a Castro con traje, en lugar de su clásico uniforme militar verde olivo, durante una cumbre del Movimiento de los No Alineados en 1998.

Ya convertido en un ícono mundial, «Madiba» no ocultó tampoco nunca su lealtad a Cuba por su temprano apoyo a su lucha contra el apartheid, pese a las críticas que surgían contra Castro por las derivas autoritarias de su gobierno. «Le profesamos profundo respeto y admiración, no sólo por lo que hizo por su pueblo, sino por su amistad probada hacia nuestro país», aseguró por ello el hermano menor de Fidel, el presidente Raúl Castro, al conocer el jueves de la muerte de Mandela.

Un video muestra también el cariño que se profesaban Mandela y Fidel Castro, donde se califican de «hermanos» durante una visita del sudafricano a La Habana en 1991. Cuba fue el primer país latinoamericano que conoció. Mandela visitaría después Argentina y Brasil, pero su punto de referencia en el subcontinente americano sería siempre la isla caribeña. «Antes de decir nada, tienes que decirme cuándo vas a venir a Sudáfrica. ¿Cuándo vienes?», pregunta Mandela. «No he visitado a mi patria sudafricana», reconoce Castro, que saldó su deuda en 1994. La televisión cubana recordó ese diálogo la noche del jueves.

La revolución que llegó al poder en 1959 en Cuba liderada por un joven Castro electrizó al mundo; entre otros, a un combativo activista en la lejana Sudáfrica. Sobre todo en el Tercer Mundo, el barbudo líder cubano se convirtió en un símbolo de las luchas contra el colonialismo.

La Cuba socialista, abocada durante décadas a trasladar el espíritu de su revolución a otras luchas de emancipación, dio también apoyo directo a los africanos. La isla caribeña envió, en los 80, tropas a luchar a Angola, una campaña celebrada hasta hoy en Cuba como una de las grandes gestas «internacionalistas» de Castro.

En la batalla de Cuito Cuanavale, en 1988, las tropas cubanas cumplieron un papel decisivo para detener el avance de la insurgencia angoleña, que operaba con el apoyo del régimen del apartheid de Sudáfrica. Cuito Cuanavale está considerado hasta hoy como un punto de inflexión para África, donde el apartheid cayó en 1992. Mandela nunca olvidó el gesto.

«Nuestra amiga Cuba, que nos ayudó a entrenar a nuestra gente, que nos dio recursos, que nos ayudó tanto en nuestra lucha», enumeró el líder sudafricano en su encuentro con Castro en 1991. Mandela hizo también siempre caso omiso a las pocas críticas que se le hacían por reunirse con líderes controvertidos como Castro o el viejo revolucionario y posterior dictador libio MuammarKhadafi.

«No debemos abandonar a esos que nos ayudaron en la hora más oscura de la historia de este país», le dijo Mandela al ex presidente estadounidense Bill Clinton durante una visita en Ciudad del Cabo, para justificar su vínculos con Castro y Khadafi.

Para Mandela, su visión de América Latina siempre estuvo vinculada a Castro y Cuba. En el continente, el reconocimiento al premio Nobel de la Paz sudafricano fue también unísono el jueves y llegó también de los últimos movimientos guerrilleros inspirados por las luchas de los años 60.

Improbable es en cambio que otros viejos revolucionarios gocen del mismo reconocimiento que el sudafricano, que allanó el camino a la reconciliación de blancos y negros en su país. No será a toda luz el caso de Fidel Castro, venerado por sus simpatizantes y odiado por sus detractores casi con la misma intensidad a sus 87 años.

 

(Fuente: infobae)