20130913112609-olimpo-01.jpg


 

13/9/2013 5:04:14 

 

Por encima de los techos del poblado habanero de Jaimanitas sobresale un brazo ciclópeo que se alza, desafiante, al cielo. Ese brazo en alto corona el Olimpo de los Cinco, que este 12 de septiembre está cumpliendo cinco años.

 

La idea de esta edificación monumental se le había ocurrido al artista José Fuster allá por 2007, cuando el país estaba inmerso en una lucha en dos frentes, por la recuperación económica y en una feroz Batalla de Ideas.

La estructura de ferrocemento se diseñó y —contra todo pronóstico— empezó a materializarse con cabillas, alambrón y malla de acero, resistentes a las inclemencias de nuestro clima, y con una terminación «gaudiesca» de trocitos cerámicos.

Finalmente pudo inaugurarse para el décimo aniversario del encarcelamiento de los Cinco, el 12 de septiembre del 2008, recién habiendo resistido con un éxito que muchos llamaron milagroso los embates de los ciclones Isidoro y Lili.

La mano descomunal y bien abierta configura una bandera cubana, cuyos emblemáticos colores se derraman por toda la obra, moteada de múltiples ojos insomnes (de Cuba y el mundo entero) infatigablemente atentos al tema de los Cinco.

El brazo emerge, cual árbol fecundo, de sus metafóricas raíces profundamente enterradas en una cúpula-ojo que techa lo que sería una plaza de banderas, a la que de ese modo imprime una singular intimidad.

Delimitando los bordes de la plazoleta están los bancos donde pueden sentarse a meditar los visitantes, junto a las permanentes imágenes sin rostro representativas de todos los héroes y mártires de nuestro país.

Con sus cinco metros de alto, el monumento se yergue de cara al Norte, como una advertencia al enemigo, un «¡deténte!» lanzado a una sola voz por todo el pueblo cubano.

La imagen del Olimpo de los Cinco reaparece, desafiante, en múltiples imágenes, incluidas las recreaciones fotográficas y documentales muy personales de Roberto Chile.

 

(Fuente: lajiribilla/ David González)