20130620134644-pestano.jpg

 

20/6/2013 7:43:12 

 

Crónica dedicada a Ariel Pestano

Por: Mayli Estévez

 

He intentado buscarte calificativos esta noche, la noche en que Santa Clara no duerme y no sé si tú hayas podido. Esa misma noche en la que volviste a darle a tu pueblo un campeonato, y le regalaste el instante decisivo, los minutos de delirio y lágrimas. A ese pueblo, que agradeces por «haberme obligado a jugar béisbol de nuevo». Sí, cuando ya no te quedaban ganas, cuando te cortaron las alas, cuando ganó el poder y no la razón, la lógica. 


Ahora hablas de justicia divina, porque «Dios es grande, sabe lo que hace y por qué lo hace». Y te secas la cara, porque has llorado. No como la vez anterior, en casa y a escondidas, para que Arielito no te viera. Esta vez lloraste con ellos de alegría, y besaste a Mabel, la mujer detrás de esta historia. 

Y sí, porque llevabas de 11-1 en la final y aunque en el home plate tu maestría salía una y otra vez, con el madero tenías que dar la tuya. Y ahí iba el fly, el rolling, el ponche. Pero sabes qué, tu pueblo lo adivinaba. Por eso te coreó: Pestano decide tú. 

Y cayó el primer strike, al medio, la dejas pasar. Otra bola, pegada, imbateable esa. Sales del home, miras al suelo y te acomodas las guantillas. Bases llenas, es tu momento, lo quieres, el respetable que llenó las gradas del Sandino también.   

En 1 y 1. Y… ¿Qué pensaste cuando aquella pelota se elevó y seguía y seguía rumbo al jardín izquierdo? Claro, en un principio haces ese gesto que llevaba nombre y apellidos adjuntos. Gesto que por sí solo cargaba tu hombría y la de tu equipo. Punto en boca, quisiste decir. Igual, las palabras que gritaste todos las repetimos al unísono, como el coro que nunca dejó te silenciaran. ¿Por qué? Porque nadie tiene derecho a callar a la grandeza, porque al final (como este final) la cosas salen, y la vida te recompensa. 

Evito las cursilerías, y no encuentro el adjetivo o el sustantivo para coronar tu noche, que no es la de hoy, si no desde ya, la de todos los días. Y el jonrón que se repetirá, el que guardaremos para los hijos y nietos. El segundo que te hará eterno, por si hacía falta otro segundo, de los tantos que has dado a este béisbol. Se me antoja llamarte pueblo, permíteme ese atrevimiento. 

 

(Fuente: Vanguardia)