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17/6/2013 15:56:00

 

René González Schwerert llegó a Villa Clara con parte de su familia, y  bajó hasta el Mausoleo a Che Guevara para el reencuentro anhelado. Frente a los restos del Guerrillero Heroico observó la estrella inapagable que se refleja en el nicho. Miraba en silencio, y quién sabe hasta dónde volaron sus pensamientos. Junto a su esposa Olga, las hijas Ivette e Irmita, hizo el cambio de flores.

 

 

Habló lo necesario para reafirmar que «nadie recordará el nombre de tus asesinos, pero mientras exista un pueblo como este, del que venimos mis cuatro hermanos y yo estarás siempre vivo».
 
Después afloraron otras emociones. «Para mi venir aquí por primera vez, y haber vivido todo su regreso desde los Estados Unidos es como si se cerrara un ciclo. Y deposito en él la misma admiración y compromiso que sembró en mi cuando le estreché su mano aun siendo niño».
 
René González es de los soldados al que «nada humano le es ajeno». No se considera un titán porque coraje sobra entre los cubanos. Por eso se sintió feliz porque allí estuviera Luis Monteagudo Arteaga, uno de los combatientes del Che en África, o que desde su llegada preguntara por los agentes villaclareños Bertha y Félix que también impidieron actos terroristas como el de volar, precisamente, el Complejo Monumentario.
 
«Cuba está llena de héroes. Los Cinco hemos recibido un reconocimiento en vida que muchos de los nuestros, de lo que están aquí, no lo han tenido, y son innumerables los compañeros anónimos que han impedido crímenes desde las entrañas del Imperio».
 
Luego de visitar el Mausoleo del Frente de Las Villas y detenerse en su Llama Eterna, González ratificó que el momento más difícil para él sigue siendo el encarcelamiento de sus cuatro hermanos. Y no se sentirá verdaderamente libre hasta que venza la justicia y cale en cada uno de los hombres y mujeres dignos del Planeta.
 
Si algún rasgo admira de sus compatriotas es la valentía, la fuerza inmensa y necesaria para construir una sociedad más diversa que tenemos que aprender a asimilarla.
 
Al filo de las 2:00 de la tarde René concluía su visita al Complejo. No se despedía, dejaba un hasta luego y su experiencia plasmada  en el Libro de Visitantes.
 
«En las flores que deposité en tu nicho —escribió— está la palabra cumplida, pero también lo que queda por cumplir, lo que alienta en la vida».