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11/04/2013 12:10:53

 

Salvar el patrimonio documental del cubano está en el centro de los caminos estratégicos que desanda la nación. ¿Qué atender de manera perentoria?, ¿dónde colocar mejor las fuerzas? y ¿cómo proyectar de forma más coherente y ordenada los recursos?, son algunas de las interrogantes a las que da respuesta con su labor una Comisión Nacional para la preservación de este valioso testimonio de la memoria histórica cubana.

  

En Cuba son varias las instituciones involucradas en esta Comisión que tiene, además, una ejecución a corto, mediano y largo plazo, sustentada también en una lógica inversionista ajustada a estas etapas.

El primer paso se concentró en detener el deterioro acumulado también por el peso de la contracción económica que sufrió el país durante la década de los 90. De 2007 a 2009 se hizo una primera inversión con un financiamiento centralizado y ahora la estrategia se centra en nuestros planes de la economía, porque esta salvaguarda es muy costosa y requiere de una adecuada planificación.

Para medir el alcance de esta propuesta de preservación, bastaría con situarnos en el Archivo Nacional de Cuba, primera institución de su tipo que se creó en el archipiélago y que atesora unos 202 fondos y colecciones, cifra que asciende en más de mil con la red de archivos históricos que se desplegó a partir de los años 70 del pasado siglo por toda la Isla.

Hasta la fecha más de 25 000 documentos se han restaurado en todas las provincias, como resultado de estos esfuerzos. Particularmente el Archivo Nacional de Cuba —a través de la Unesco—recibió un financiamiento con el cual adquirieron computadoras y escáneres para mantener este trabajo minucioso de conservación.

También se ha logrado digitalizar gran parte de la extraordinaria documentación que está en estos reservorios culturales, entre ella, unas 80 000 películas están bajo el severo cuidado de los especialistas del Archivo Fílmico del ICAIC. 

Tampoco la riqueza de fonogramas, partituras originales y fotografías vinculadas a la música ha quedado al margen de esta prioridad que estableció el país. El Instituto Cubano de la Música (ICM), desarrolla ocho programas que tienen como eje la conservación. Tal es el caso de los documentos insignias que se preservan está la partitura original manuscrita de «La Bayamesa», de Perucho Figueredo, y explicó que las colecciones tienen un enriquecimiento permanente.

El alcance de este trabajo comprende la organización de esos documentos, su tratamiento por parte de los especialistas, la tecnificación de esos procesos y la digitalización de los soportes para su conservación.

Entre los logros de esta labor, hizo referencia al desarrollo de un programa de edición digital de las partituras, lo que permite su reproducción con una altísima calidad. Gracias a ello ya unas 800 obras musicales en diversos formatos y de todos los géneros han pasado por este proceso.

En el caso de la Biblioteca Nacional José Martí— una de las bibliotecas más jóvenes de América Latina y que rige la entrega de más de 400 bibliotecas públicas — el empeño de conservación abarca más de cuatro millones de documentos que tienen que cuidarse para la posteridad.

Desde hace unos cuatro años se trabaja en el inventario de todos los fondos, y a la par contra la influencia perniciosa de la humedad y de otros factores, con énfasis en la preservación preventiva.


(Fuente: Mesa redonda /TVCubana)