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12/12/2012 9:22:02 

 

 

Dice refiriéndose a Cuba el cantautor argentino Rodolfo Páez, a quien la gente que le quiere —y también alguna que no— le dice simplemente Fito Páez. Para él la Isla es también un pedazo de su almohada salvadora y el espacio que queda cuando no hay «nadie cerca o lejos». 

 

«Si estás entre volver y no volver…», y luego apareces así, como si toda tu vida dependiera de este momento, como si no hubiera existido nada más salvo tus versos, como si el tiempo en esta noche de Habana cuasi invernal se detuviera con creces para entender los porqué de las canciones precisas, entonces no queda duda (con permiso de Brecht): Hay quienes cantan un día y son buenos, hay quienes cantan muchos días y son mejores, pero hay quienes te cantan toda la vida: esos son los imprescindibles. 

Veinte años creciendo con el amor y además, y también después, el amor, se parece definitivamente al intento de acercar el sol. Generaciones de sueños, quimeras, utopías que desde los 80 se vienen perfilando con tu canto; un devenir de gente que fue marcando cada pedazo de vida y reconociéndolo a través de un fragmento de tus canciones. Cuánta deuda acumulada y cuánta retribuida por estos días en La Habana.

Las sombras que aquí estuvieron no estarán. Y ya verás… que no necesitaremos nada más.

Se llama Rodolfo Páez, la gente que le quiere y también alguna que no, le dice simplemente Fito. Cuba le sabe y le respeta. La Isla es también un pedazo de su almohada salvadora y el espacio que queda cuando no hay «nadie cerca o lejos», y él, tan canalla, irreverente, talentoso; tan habanero, tan cubano, tan Páez, viene a ofrecer su corazón.

En el momento que nos permitió compartir un pedazo de su tiempo habanero para asaltarle con preguntas jiribilleras, no imaginábamos (quizá sí) lo que nos deparaba la noche siguiente a nuestro encuentro en el Hotel Nacional. El 5 de diciembre en el Teatro Karl Marx asistimos a la proyección del documental El amor después del amor, 20 años que forma parte de su reciente producción en DVD.

Dos décadas más tarde de que el álbum se convirtiera en uno de los imprescindibles del rock latinoamericano, el estreno mundial del audiovisual dirigido por el argentino Diego Álvarez y grabado el pasado 13 de octubre tras un multitudinario concierto en la ciudad de Buenos Aires, estuvo envuelto en el ambiente místico del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en su edición 34.

«El amor se trata de comprender al otro, no de juzgarlo», fueron las palabras finales de Fito que antecedieron a una suerte de serenata desgarradora a esta ciudad y a su gente. Para algunos, de generaciones más cercanas, y para otros que estuvimos aquella vez en la Plaza de la Revolución, fue el concierto de la Vida, y definitivamente dejamos la Vida allí. También él.

No imaginábamos, pero en nuestra conversación de la víspera ya se avizoraba una parte de tanta pasión desbordada: “Uno intenta darle lógica a eso y buscar una diferencia entre amor y pasión, aunque es un error ―nos confesó.

«El amor es un sentimiento ligado a la bonhomía, donde no hay intereses ni facturas traumáticas, y la pasión es todo lo contrario, “vos hiciste esto, y lo otro, yo te amo y te odio, te cojo y tú me coges…”; la pasión es padecer conflictos que no sabes que están dentro de uno, pero también es maravilloso. La vida se trata de eso».

La vida me ha dado mucho pero también me quitó. La vida es este río de maravillas y de dolor. 

Fuimos testigos de su encuentro con algunos amigos músicos en el Centro Cultural «El Sauce» durante una madrugada capitalina, donde compartió con Ernán López-Nussa, Robertico Carcassés, Descemer Bueno, Harold y Ruy Adrián López-Nussa, William Vivanco… Esa noche le escuchamos junto con Santiago Feliú tirando su «Cable a tierra» y nos venían a la mente aquellos recuerdos primeros en Varadero, y reconocíamos al Fito de siempre, dialogando con músicos de diversas generaciones: «Te hacen sentir que sos parte del lugar, “vos sos de mi vida”, “tus canciones están en mi vida”, me decían. Fue una noche inesperada, no pensé que iba a ser tan emocionante y divertido, con tantos intérpretes talentosos cantando y tocando».

Rencontrarse con viejos amigos «viejos» y descubrir jóvenes interpretando su música «fue muy emotivo, porque una «cosita» que hiciste en una habitación perdida en un hotel en San Justo, cuando llegas a La Habana la escuchas tocada por cuatro flacos extraordinarios en un escenario, excelentes músicos que le tienen infinito cariño y la interpretan como si fuera propia. No sé cómo le pasa al resto de las personas, a mí me conmueve, me emociona, es fuerte, porque estás muy lejos de donde naciste y te encuentras con gente que cuando tocan tus temas con ese swing, con acordes tan abiertos que no aparecen originalmente en la canción, están opinando sobre la música. Eso es muy hermoso».

Cuenta que mucho le ha aportado la música cubana a la suya propia. Son lazos y raíces que llegan desde la cuna y se van amoldando al acercarse cada vez más a este terruño de bardos testarudos. Por eso, no hubo sorpresa cuando en nuestra plática afirmaba: «…una de las cosas que hicieron que prendiéramos rápido en la gente de la Isla, es que yo tocaba con tumba’o, con la síncopa y eso no es una clave del rock, el rock es en cuatro  y a tierra.

«La síncopa me llega cuando mi padre me lleva a Brasil. Esa conexión presente en un tema como “Giros” fue lo que nos emparentó tan rápidamente y nos hizo cercanos. Haber traído también una forma que contenía la síncopa, el acento adelantado, creó una familiaridad. Aunque parezca una tontería o algo muy específico, no lo es, pues se crea ese vínculo con algo fundamental de la música cubana que es la clave acentuada arriba, y fue justo eso lo que generó una simpatía inmediata.

«Influencia para mí es también haber estado al lado de Pablo Milanés tantos años, haberlo escuchado cantar no es algo que para un artista pueda pasar como cualquier cosa. Escuchar a Pablo noche a noche, aquí y allá, es una suerte que uno tiene, porque aprendes a encontrar rápido las conexiones entre él y Goyeneche, entre él y Sinatra, entre él y Chabuca, cantantes maravillosos que inventaron nuevos fraseos. Eso enseña a ser más libre, a jugar con la música. Definitivamente, Pablo me recuerda mucho a Goyeneche, si bien se conocieron al final de la vida, Pablo ya era un gran artista cuando lo fuimos a visitar una noche en Buenos Aires; pero tienen en común la manera de contar la melodía, la manera de frasear, y eso es algo que me ha marcado».

Todas las músicas me hablan, todas las cosas se conectan en mi corazón. 

 «Los Van Van son nuestros Rolling Stone”, nos dice emocionado. Y de inmediato comenzó a rememorar momentos del ensayo con los Van Van, para la inauguración del 34 Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. “Es un grupo con un sonido muy poderoso. Formell es una de las grandes máquinas musicales del mundo. Inevitablemente te sientes identificado porque, además, tienen la mirada canalla, no es un grupo formal de salsa norteamericana, sino que están en la calle y saben de qué va la cosa. Me siento cerca de eso porque tengo una vida similar a la de ellos y por otro lado, tuve la oportunidad de tener un amigo como Juan Pin Vilar que me ha acercado al mundo de Formell un poco más íntimamente, sin que él lo sepa. Veo en la misma mesa a Charly García y a Juan Formell, tomándose un trago y hablando sobre lo mismo».

«Miro alrededor, heridas que vienen, sospechas que van y aquí estoy pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma, desarma y sangra», canta Fito en el Karl Marx «una de esas cumbres de la música universal» como un homenaje a este grande de la música argentina que es Charly García. Los cubanos le debemos también a Fito ser, de alguna manera, el portavoz de sus canciones en Cuba: «Charly es de esas personas que iluminan el barrio. El mundo fue diferente a partir de que llegaron, gente salvaje, y gente muy seria también. Todas las partituras de García son músicas de estudio, deberían ser estudiadas en las universidades, es muy serio lo que hace y por otro lado es un canalla también, es uno de los Mozart contemporáneos».

¡Dicen que ya no soy yo! que estoy más loco que ayer… 

«El peor crimen que puede cometer un intelectual es el engaño a través del cual obtiene dinero», declaró al presentar el disco Ciudad de Pobres Corazones en un lejano 1987, dedicado a la memoria de su tía y su abuela asesinadas en Rosario.

El panorama de la vida y la música argentinas luego de que algunos «genios locos» como Charly García, Spinetta, Andrés Calamaro y, años después, el propio Fito comenzara a escucharse, ha cambiado radicalmente, sin embargo, para él:

«La música es un lenguaje, lo que cambia es la coyuntura, la época, el negocio, las formas que tienen las personas para expresarla en cada momento. Lo que se puede respirar livianamente es que los artistas de raza están en las márgenes, antes los artistas de raza podían tener contacto con los grandes públicos, porque era otra época; hace 20, 30, 40 o 50 años las grandes estéticas tenían un público y el mundo pertenecía a esa estética.

«Ahora eso se movió de lugar; pero no quiere decir tampoco que los grandes artistas hayan desaparecido; sigue existiendo gente maravillosa en todos lados, pero no son el punto de atención. Por supuesto, en todas las épocas la vida política ha influido en que las expresiones de todo tipo, no solo las musicales, puedan encontrar su cauce. También en esos márgenes surgen las ideas y los proyectos más maravillosos. Hace poco en Buenos Aires hicieron un concierto los cancionistas porteños y fue muy emocionante verlos a todos juntos allí con una orquesta sinfónica tocando su música, y les decía: este es el lugar, no es MTV, no es la Rolling Stone, no es Billboard, este es el lugar donde hay que estar. No perder de vista eso es importante».

Para Fito «hacer música es como respirar» y ya tiene algo nuevo en el tintero, mejor dicho en la mesa de mezcla: «Estoy preparando dos discos: uno roquero, que ya está casi terminado de componer, en cuanto paremos de tocar vamos a grabarlo; el otro está en vías de preparación, es más pianístico, más cancionístico, más lírico».

—«El amor después del amor» probablemente sea el más conocido de todos tus discos,¿a nivel personal qué significa?

—Todos los discos están hechos con ganas, con deseos, yo los quiero por igual. Algunos son más conocidos por la gente y otros tienen una suerte de éxito dentro de una coyuntura específica, por razones que se escapan de las manos; pero todos son mis hijos, son como una parte mía, no tengo preferencias por ninguno. Por supuesto, entiendo que en ese álbum hay matrices que se fundan, después de algunos años de haber recorrido la vida musical. Sé que ese es un dato, pero también podría haber sido otro el disco y no El amor después del amor. No lo sabremos nunca. Entiendo que ese momento fue especialísimo para los demás, no para mí, porque tengo un vínculo con todos mis álbumes.

—Estás terminando ahora una novela, El último vuelo de la pena… Es un ejercicio de soledad, silencio, paz... A alguien tan hiperactivo, ¿cómo le resulta escribir?

—No soy siempre así, también me paso muchas horas en silencio frente a la máquina. Llevo tres años escribiéndola. Para mí fue como una espiral, cuando empecé no sabía que iba a convertirse en una novela. Es como la música, comienzas a componer y de pronto se te armó un disco. No hago esto para una editorial o para el mercado, simplemente lo hago.

—¿Ha sido más desafiante que componer?

—Fue nuevo. Me dije: quiero problemas nuevos. Resultó apasionante encontrarme en medio de la pelotera y descubrir hacia dónde va el relato. Contrariamente a lo que podría suceder, la subtrama es el tema de la novela. Cuenta la relación de un adulto con su madre muerta, que es lo menos legible en la historia, pero es el centro del libro. Después, todo cuanto sucede es un disparate. Ahora estoy terminándola, ya le corregí los últimos detalles y me da la sensación de que es una suerte de tratado doméstico sobre el amor y la pasión, dónde se tocan y dónde se diferencian, y cómo funcionan en la vida de estos personajes.

Es solamente una manera de andar… 

—«Mi pasado es real y el futuro libertad», sentencia la letra de «Circo Beat». Para el Fito que ha llegado este diciembre a La Habana, y que ha «girado» tanto, ¿qué es la libertad?

—La libertad tiene muy buena prensa… Los artistas jugamos a la libertad, y la libertad es otra cosa. Se supone que la libertad es ser libre, hacer lo que uno quiere, pero yo no sé si quiero tanta libertad. Necesito tener mis cárceles y meterme en ellas, me gustan mis cárceles y estar en las jaulas que decida estar, porque la libertad es muy angustiante también. Si se puede todo, se llega a ser Calígula. Más ligado a la vida personal, la libertad llena de excesos es dura porque salimos muy golpeados. Entonces, me gusta tener mis mecanismos para frenarme… mis propias cárceles, si pueden ser decididas, mejor.

—Hablemos de concesiones y consecuencias… Mientras cantas desbordas pasión, y eso lo percibe casi todo el que te escucha; es importante porque hay quienes llaman la atención sobre algunos artistas que a lo largo de su carrera cambian y se acomodan.

—Se aburguesan, se ponen más bobos; pero esos no son artistas. Es muy difícil hablar de uno, así es como soy. Siempre fui así; porque como ya he dicho, para mí es como respirar, no conozco otra manera de hacerlo. En algunos momentos, la pasión está puesta en la voz, en el énfasis en el piano, y hay otros, de reflexión, que también son pasionales porque se están bordando detalles, y todo quema. Eso ocurre porque estoy enamorado de las ideas y de las expresiones también. Es igual cantar en El Sauce que en el Royal Albert Hall, anoche cantamos en El Floridita y lo hicimos con las chicas que tocaban allí. Fue igual. La música se hace todo el tiempo, todos los días, en todos los lugares, con amor y pasión, si no, no es música.

Y te daré todo, y me darás algo…

—Una de esas consecuencias se encuentra en tu fidelidad a Cuba, a este lugar al que siempre regresas y  defiendes junto con sus artistas, a este lugar donde también se te ama demasiado. ¿Qué hace diferente o singular este regreso a la Isla?

—Tengo la suerte de haber estado mucho tiempo aquí, de haber vivido en este sitio. Siento que este Isla es un lugar que me pertenece también. No me siento el jefe de la cuadra, pero siento que los jefes de la cuadra me dejan entrar. Ayer, cuando Formell comenzó a dirigir el ensayo, qué suerte estar ahí, qué suerte estar dentro de esa máquina, y que te abran la casa con tanto amor. Esas son vivencias intransferibles para contar, pero forman parte de mis bienes más preciados: estar en el ensayo de Charly García en los 80 o en el de Formell ayer, haber visto a Spinetta componer canciones o ver a Pablo a las tres de la mañana cantando boleros. Esos son momentos inolvidables, lo que me conmueve es, justamente, que son los hombres intentando contarse. Eso es lo que hacemos.

Epílogo: 


Y aunque todo sea una farsa yo sé que el mundo cabe entero en una canción.

 

(Tomado de La Jiribilla/ Yinett Polanco, Nirma Acosta, R. A. Hdez)

 

 

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