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06/08/2012 9:16:52

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

El 12 de agosto el Che anota en su Diario: «La radio anunció un combate cerca de Monteagudo con el resultado de un muerto de parte nuestra: Antonio Fernández, de Tarata. Se parece bastante al nombre real de Pedro, que es de Tarata». 

 

Como en muchos partes que daba la radio por entonces habían confundido el apellido del boliviano Antonio Jiménez Tardío, también conocido como Pan Divino, incorporado a la guerrilla el 31 de diciembre de 1966. 

De la llegada de Pedro al campamento queda constancia en la anotación correspondiente  a ese día: «A las 7.30 llegó el Médico con la noticia de que Monje estaba allí. Fui con Inti, Tuma, Urbano y Arturo. La recepción fue cordial, pero tirante; flotaba en el ambiente la pregunta: ¿A qué vienes? Lo acompañaba “Pan Divino”, el nuevo recluta, Tania, que viene a recibir instrucciones y Ricardo que ya se queda». 

Como a todos, el Che lo prueba en misiones de exploración, guardias y excavación de refugios o trincheras. El primero de febrero, la guerrilla boliviana emprendió su camino hacia el norte en busca del teatro operaciones. 

Pedro vence escollos sumamente difíciles de superar, marchas y contramarchas, agotadoras jornadas machete en mano para abrir trochas por donde caminar en la tupida y desconocida vegetación

En marzo el Che lo asigna a la Retaguardia, encabezada por Joaquín (Juan Vitalio Acuña Nuñez, Polo) e integrada, además, por los cubanos  Israel Reyes (Braulio), Jesús Suárez Gayol (Rubio) y Antonio Sánchez Díaz (Marcos), junto a los bolivianos Freddy Maymura (Ernesto), Apolinar Aquino (Apolinar), Walter Arencibia (Walter), Casildo Condorí (Víctor), Julio Velázquez (Pepe), José Castillo (Paco), Eusebio Tapia (Eusebio), Hugo Choque (Chingolo), Benjamín Coronado (Benjamín), Lorgio Vaca (Carlos) y Salustio Choque (Salustio). 

El 17 de abril la retaguardia se separa. Lleva la misión de hacer una demostración por la zona pero sin combatir frontalmente, y luego regresar donde la columna del Che. Por desgracia, el contacto nunca llegó a producirse.

Luego del 9 de julio los guerrilleros decidieron romper monte para salir del cerco cada vez más cerrado que tendía el enemigo caminaron seis jornadas sin apenas descanso rompieron la selva a filo de machete, hasta llegar a las proximidades de Taperillas, por donde ya habían pasado el comandante Guevara y su columna. 

La necesidad de buscar alimentos los hizo aproximarse a las casas de los campesinos, donde pudieron comprar víveres y cocinar. Venían extenuados y el cansancio les hizo demorar más de lo debido. Cuando ya se disponían a partir, detectaron la presencia del ejército.

Fue un combate duro donde Joaquín, Braulio y Alejandro, pudieron detener a los soldados que disparaban desde lo alto de una  montaña.

La odisea de aquellos días fue recogida Braulio en su diario:

«Desde este momento abandonamos la zona y comenzamos a operar por nuestra cuenta. Nos dirigimos hacia la carretera y el 20 en el lugar de Tapera, una patrulla del ejército nos sorprendió el campamento, los aguantamos unas horas y nos retirarnos. […] El día 9 de agosto el ejército nos rodeó y en nuestra retirada mataron a Pedro y ocuparon una 30 que éste llevaba». 

En su repliegue, la ametralladora calibre 30 manejada por Pedro, retardó el avance de los militares y permitir así el desprendimiento del resto del grupo que consigue eludir la presión.

El ejército los detectó cuando atravesando un claro. Pedro no podía agacharse pues cargaba el arma, de modo que iba casi erguido cuando el fuego se concentró en él. Walter trató de llegar hasta él, pero fue imposible. 

Quedó junto a la 30 con la que antes había defendido al grupo guerrillero. 

Antonio nació en 1941, en el poblado de Tarata, capital de la provincia del mismo nombre, perteneciente al departamento de Cochabamba, Bolivia. 

Contaba Tardío Leonor, su madre, que siempre fue alegre, «a pesar de los sinsabores que le tocó vivir desde muy pequeño» en un hogar donde la pobreza hacía muy dura la existencia, junto a sus 10 hermanos quienes «apenas podían subsistir con el mísero sueldo de maestro del padre, por lo que entonces yo debía dedicarse a  elaborar y vender chicha». 

A los 14 años marchó hacia La Paz en busca de una beca para poder estudiar. Leía mucho, sobre todo literatura política lo que molestaba al padre que no compartía los ideales del hijo. Se hizo técnico-mecánico, pero decidió estudiar finanzas con el fin ayudar a la madre en la educación de sus hermanos.

«Yo le decía: “Hijito todos los jóvenes salen a divertirse”, y él me respondía que le gustaba conocer más para hacer realidad sus ideales comunistas […] A mis ruegos para que dejara la política, él contestaba con cariño que era yo quien le había enseñado, porque cuando ganaba unos pesos sabía socorrer y ayudar a los necesitados», afirmó doña Leonor durante una entrevista realizada en 1985. 

En esa misma oportunidad contó la siguiente anécdota:«Era muy sacrificado y querido en el pueblo, por eso cuando se conoció su muerte, en la Plaza de Tarata sus amigos escribieron en los muros “Gloria a Antonio Jiménez Tardío. Abajo la bota militar”. Entonces el subprefecto hizo traer gentes para borrarlo y el ejército quiso ir a su casa a atacarla, pero el pueblo lo impidió». 

También en la guerrilla continuó sus hábitos de leer y despertó la admiración de sus compañeros. Acostumbraba a conversar con Gustavo Machín y Freddy Maymura sobre literatura e intercambiar los libros que llevaban en la mochila. 

En el resumen del primer trimestre el Guerrillero Heroico anota sobre Pan Divino: «Bastante bueno. Ha pasado por la prueba de la caminata y por la de fuego y las dos muy holgadamente. Es un cuadrito en perspectiva». 

El 31 de julio vuelve a opinar: «Aunque la mayoría del tiempo lo ha pasado con Joaquín, su proyección era la de un cuadro en pleno desarrollo».

 

Apenas habían pasado unos días cuando Pedro cae valientemente, después de múltiples muestras de arrojo, desprendimiento y solidez de sus principios.