20120722065742-descargas-ilegales.jpg

 


22/07/2012 0:51:15

 

A muchos pudiera alegrarles copiar música, películas y, sobre todo, programas informáticos gratis, de forma no legal, ya sea descargándolos de Internet o porque otros se los faciliten.

 

Esa práctica nada aplaudible ha sido paradójicamente la solución para cierto sector en el país, bloqueado también en el campo de la tecnología por la irracional política de la Casa Blanca de negarle a las empresas informáticas que comercialicen software o servicios.

Hasta software gratis, como los que «regala» Google a sus usuarios —entre ellos Google Earth o Chrome—, pueden serle negados a alguien si identifican por el número IP del servidor o máquina que lo solicita desde la Mayor de las Antillas.

Pero más allá de esa necesidad impostergable para el desarrollo de la sociedad de la información en la Isla, no son pocos los que se conforman con obtener copias «ilegales» de los programas, e incluso lo ven ya como algo normal, sin buscar o pensar que puede haber una alternativa.

Lo que muchas veces no ven es que están poniendo en peligro su propia seguridad, ya que gran parte de estas supuestas facilidades que ofrecen múltiples sitios web —la mayoría de dudosa reputación— están plagados de programas malignos o malware, destinados a robar información privada o convertir a las computadoras en «zombis» que formen parte de botnets o redes fantasmas.

Así, introducen en su propia computadora las vulnerabilidades que después tratan de reparar con programas antivirus, también descargados ilegalmente, que detectan a todos los intrusos, menos a ellos mismos.

Esta realidad, que para muchos pudiera parecer ajena, está presente en el espectro virtual cubano, como lo demuestran las estadísticas de la Empresa de Consultoría y Seguridad Informática. (Segurmática)

Según las cifras que ofrece esta entidad en su sitio web (www.segurmatica.cu), de los 6 507 programas malignos detectados en Cuba, 421 han sido virus, 1 523 gusanos, 24 jokes, 25 exploit y 4 514 caballos de Troya, o sea, la inmensa mayoría. 

Ya no se trata solo de la descarga ilegal de música o videos, algo que incluso se comercializa sin control en las calles cubanas, en un fenómeno al cual no escapan siquiera los propios artistas del patio, que ven cómo sus discos se venden sin que por ellos reciban los justos ingresos que por derecho de autor les toca.

También los programas informáticos son comercializados por algunos, ya sea en CD, DVD, o a través de copias directas desde dispositivos externos, en una espiral que, si bien aparentemente resuelve un problema, en ocasiones puede crear otro de seguridad.

Las posibles soluciones no son sencillas, máxime para un país que, como dijimos al principio, está impedido por las absurdas políticas del bloqueo norteamericano de acceder legalmente a muchas fuentes de software, o servicios de desarrollo de estos.

Hay un gran trecho por recorrer, y debe pensarse no solo en las consecuencias de violar los derechos de autor, sino en las vulnerabilidades de seguridad que provocan y cómo comprometen la privacidad de su información.

Se impone, entonces, no solo ampliar la comercialización legal de software y programas informáticos cubanos (especialmente los educativos, que adolecen de más divulgación, tirada y precios accesibles), sino también los de seguridad informática, y sobre todo los basados en software libre, que no quiere decir no propietario.

También necesita un impulso definitivo la migración cubana hacia plataformas de software libre, no solo para servidores y expertos, sino para el usuario final.

Al final, cuando se saquen bien las cuentas de factores en pro y en contra de la piratería de software y las descargas ilegales, posiblemente estas nos revelen que estamos actuando nosotros mismos como «zombis».

 

(Fuente: JR )