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10/12/2011 16:24:08


Por Mercedes Rodríguez García

 

 

Gracias a las «artimañanas»  de los «traficantes de video», para mí una especie de piratas bienhechores a quienes agradezco la mayoría de los materiales fílmicos que disfruto en casa, pude ver con anterioridad a su exhibición en el Festival de Cine Latinoamericano que transcurre en la Habana, una película que la mayoría de la crítica califica de «singular».

 

Les cuento que desde sus comienzos, captó mi atención. Tanto como el de la Casa Productora de la Televisión Cubana, que apostó por este segundo largometraje de Alfredo Ureta, un joven director cubano con vasto reconocimiento como realizador de videos clip, pero que también adentrado en los cortos de ficción.

Buscando en internet opiniones más o menos coincidente con las mías, me encuentro las de Esther Lilian González de la Fuente,  y Rafael Alejandro Vázquez Gálvez, quienes fueran mis alumnos de periodismo, en el primer año de su carrera en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV), así como y la del colega Joel del Río, cuyos juicios su domio de los temas y acertada objetividad.

Según Esther Lilian, Ureta «decidió desandar los túneles subterráneos de “el topo” para acercarse al personaje  a un «mañoso, cegato, solitario y oscuro animal», que «se llevó lo más humano: su reacción ante situaciones que pudieran cambiar la vida de cualquier persona; incluso, de quienes se esconden bajo el suelo o entre cuatro paredes». (Coincidimos)

Para Vázquez Gálvez,  «La guarida del topo es una película diferente, o al menos poco común : escasos actores, apenas una locación, de corte intimista, personal, con un ritmo quizás lento. Tales presupuestos suponen un fuerte trabajo de actuación, muchas horas frente a cámara durante el rodaje, que de no ser por la confianza que transmite Alfredo como director y su fabuloso equipo de trabajo, confieso que me hubiera resultado difícil». (Concordamos).

Y dice Joel: «Alfredo Ureta se distancia del mundo frecuentemente ostentoso y sofisticado de los videos musicales, a cuya realización se ha consagrado con éxito durante años, para adentrarse en los sentimientos, y el modo de ser, de un protagonista masculino de mediana edad y abocado a decisiones y encuentros que deberán cambiar los matices de su existencia. De este modo, La guarida… gira en torno a un personaje nada espectacular, un hombre enclaustrado, casi ermitaño y con extrema dificultad para comunicarse con los demás, en cuya casa irrumpe, de pronto, una mujer conflictuada por la necesidad de escapar y dejar atrás lo que ha sido su vida matrimonial». (Armonizamos)

No voy a contarles el film, pero sí aconsejarles que hagan todo lo posible por verlo. Sobre todo porque su director se aleja estéticamente de lo comercial y de ciertos clichés costumbristas, «para compartir con los espectadores una trama entre insólita y universal».

Se trata de una cinta que, además de diferenciarse  por la originalidad de la historia que narra, también «resulta novedosa por estas tierras» dada la manera en que se desarrolló su proceso de producción. (Asunto del que me he enterado gracias a los ya citados comentaristas)

Admiro a Ureta desde que comenzó su carrera cinematográfica con La mirada, una “road movie” donde su protagonista regresa física y sentimentalmente a su pasado luego de pasar quince años sin volver a Cuba, país donde nació.

Apenas un año después Ureta ya tiene lista esta segunda entrega que cuenta la historia de un hombre solitario a quien la casualidad le permite volver a establecer contacto humano con alguien, con una  mujer; hecho que traerá consigo una cadena de sucesos sorprendentes para el espectador.

Al igual que en su ópera prima, el actor Néstor Jiménez asume el protagónico, quien se une a un elenco de lujo conformado por su coprotagonista Ketty de la Iglesia; además de Rafael Lahera, Alberto Pujols, Héctor Hechemendía y Rafael Martínez.

También son pilares fundamentales de la cinta la Dirección de Fotografía escrutadora de Alejandro Pérez,  y la dirección de arte a cargo de Alain Ortiz, imprescindible en la recreación del universo de «el topo», donde pareciera que el tiempo no transcurrió.

En definitiva—como escribe  mi exalumno y ahora colega Rafael Alejandro por boca del actor Néstor Jiménez— «La guarida del Topo es otra película en la lista del cine cubano; una obra artística a consideración del público y de la crítica, perfectible, como todas, pero madura y con gratos recuerdos para quienes trabajamos en ella».

Sí, se trata de una película de élite, por su tempo, por su fotografía, por su exquisitez. A nivel de público tal vez no sea un exitazo, pero el cine cubano también necesita miradas introspectivas, películas enfocadas a los matices de la intimidad, a la soledad, al silencio.