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31/07/2011 7:45:02 PM

 

—¿Consideras la perfección de un diario, aun cuando «nada hay más viejo de un periódico de ayer»? 

—En el buen periodismo predomina lo contingente,como decía Carpentier, se trabaja en «caliente». Pero existe otro porciento panificable. Soy perfeccionista y hasta en lo caótico trato de imponer el orden. En un medio de prensa, como en cualquier otro centro, debe primar la tendencia a mejorar indefinidamente el trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. Nada humano es perfecto, así que tampoco lo podrá ser un periódico. La perfección es solo el camino obligado hacia una meta. 

—¿Qué parámetros determinan la calidad de un periódico? 

—No te voy a hablar de parámetros porque los lectores no van a entender los tecnicismos, así que recurriré al símil. Siempre digo que las casas se parecen a sus dueños. Para mi lo más importante de un periódico es la redacción, considerada por muchos el corazón de un diario, el horno donde se cuece el pan, cuya calidad depende básicamente de la materia prima, pero también de que se cumpla lo normado para el resto de los ingredientes. Hay pan de corteza dura y pan de corteza suave, por ejemplo. Cada cual requiere de un tiempo y de una temperatura de horneado exactos. El otro factor, tal vez el más importante, es el panadero, que puede ser experto o inexperto, joven o viejo, pero sobre todo honrado. Se trata de un encadenamiento inviolable. Un solo eslabón que se rompa echará a perder la camada.  Y como las panaderías trabajan a toda hora y para toda la población, sus administradores y jefes de turno han de permanecer atentos a un proceso que parece simple, por cotidiano y rutinario. ¡Nada tan alejado de la verdad! 

—¿A quién (es) de los colegas recuerdas con mayor agrado cuándo redactas en la inminencia del cierre de edición?

—Soy de las personas que no olvida ni a una solo de mis colegas, ni muertos ni vivos, ni activos ni jubilados. Cuando entré a Vanguardia tenía 23 años y ya voy a cumplir 59, así que he enterrado a más de una docena y despedido a otros tantos. Sin embargo siempre recordaré a tres hombres y una mujer que fueron mis paradigmas como seres humanos y como profesionales: Otto Palmero Rodríguez, Roberto González Quesada, Miguel Ángel Pérez Cuellar y Mirta Azalia Silverio. Yo aprendí de todos, y aun lo hago de mis alumnos, de mis lectores y hasta de mis familiares que son mis jueces más severos. El aprendizaje nunca termina y es infinito mientras vivamos.                                            

 —¿Vives el diario o el diarismo reside en tú escritura?

—Vivo el día en el amplio sentido del término. Detesto dormir y hasta comer porque los considero una pérdida tiempo. Vivo a un ritmo muy intenso y disfruto cada segundo aunque sea de amargura. Me nutro hasta de la rabia, las incomprensiones y el dolor ajeno. Nada me resulta indiferente. Escribo como vivo y vivo como escribo. Si no invitan, a determinadas actividades (por falta de presupuesto) ya lo creo, voy. Pero me encanta permanecer en casa. en esa soledad tan difícil de compartir por miedo a la verdad. Yo jamás le temeré a la verdad. em enseñaron desde niña a decirla y a cree en ella, cueste lo que cueste. Al final he ganado más con la verdad consecuente que con la mentirs areverente y dispciplinada. ¿Sabes bien a lo quie se enfrenta un peridoista disciplinado? Pues te lo digo: a la falsedad. No estoy a acostumbrada ni a la mentira ni a las verdades a medias. Prefiero que me tilden de «atravesada», al final la vida me ha dado la arazón. Somos revolucionarios los atrevidos... ¿Los otros? ¡Oportunistas! Y slga el sol por donde salga, que siempre lo hace por el este, allá quienes los marea el norte....

—Cuando (in)voluntariamente aparece impreso un dato falso, un error, un dislate, ¿cómo lo sufres? 

—Aunque los años me enseñando a tomar con alma este tipo de situación, si no es por mi culpa, monto en cólera; si fui yo quien metió la pata, me dan ganas de tirarme por el balcón, ¡y vivo en el último piso de un edificio de doce plantas!  He cometido pifias y deslices, pero nunca errores graves. Fuera injusta si no reconozco unos cuantos «salvavidas» que me han «lanzado» las correctoras. 

—De todos los textos publicados, ¿el de mayor alegría? ¿Y el de grandes sinsabores? ¿Por qué? 

—Disfruto todo lo que escribo y le pongo el corazón hasta a una gacetilla. Para mí escribir es como una pelea de boxeo, hay veces que termino noqueada ero feliz. No me arrepiento de una sola palabra de las millones de millones que he escrito, y no escribo nada de lo que no esté convencida. En nuestra profesión abundan los sinsabores, pero también los ratos memorables. Me gusta el periodismo que incomode y me incomode. No guarda ni más ni menos cariño a uno u otro trabajo. Todos, como mis hijos, llevan mi apellido, y los disfruto más allá de ciertas malacrianzas. 

—De los géneros periodísticos, ¿cuál te cualifica? ¿Por qué? 

—La entrevista de personalidad, desde que la pienso hasta que la escribo. Soy muy conversadora y elocuente, investigadora y cuestionadora por excelencia. Es el género para descubrirle el corazón a la gente. Y no te lo van a mostrar si antes tú no le muestras el tuyo.

 —Los lectores ¿qué son para ti en tiempos en los cuales todavía Vanguardia carece de estudios científicos de recepción de los mensajes?  ¿Cómo te llegan sus opiniones, sus quejas, sus rumores? 

—Cuando escribo solo pienso en los lectores, que son nuestra razón de ser, y que para mí carecen de rostro. «acomodo» el lenguaje, algo muy importante para que el mensaje llegue rápido y directo, esté donde esté el receptor, que también puede ser «internauta», en el caso del llamado periodismo digital. Abogo por estudios científicos de percepción, recepción e imagen, aunque resultan difíciles y costosos. Pero una anda en la calle, ¿no? Te llaman por teléfono, te escriben. Muchas veces yo misma le pregunto a mis amistades, vecinos, profesores y estudiantes de la Universidad. 

—Fidel constituye un ejemplo para ti. Conservas fotos como la del diálogo sostenido con en él durante una de las sesiones del V Congreso de la FELAP. Pero, ¿qué representa para ti el líder histórico de la revolución cubana? 

—No te voy a hablar de sus características de líder ni de sus genialidades ni de su humanismo ni de otros tantos caracteres descritos ya por grandes personalidades. Para es mi es un caballero valiente, animoso y pujante con un energía que parece exceder y desafiar a las fuerzas naturales. Las crónicas de los encuentros están por escribir, no sé si antes o después de él o de mí. No quiero pensar ni en lo uno ni en lo otro.

 

LITERARIAS:


—¿Hasta cuándo dormirán los libros de poesía y testimonio el sueño inconcluso de una gaveta hogareña? 

—No están dormidos, reposan para ver si aumentan de peso... ¡Cómo yo! (Entiéndase peso corporal, los otros, monetarios, no sé, son pírricos los de ahora).

—La poesía, ¿inspira o aparta del periodismo? 

—No concibo la vida sin poesía. Tampoco se puede forzar. Se lleva adentro y sale sola. No todos la ven, pero se mueve. Quien en ella se inspira es de algún modo un ser superior. ¡Ojalá todos los periodistas fueran poetas! 

—¿Cuál libro escribirías de urgencia? 

—Sin chovinismo: mi autobiografía novelada. Sería un betseller. Descubriría a mucha gente y revelaría no pocos secretos, ajenos y propios. Pero no estoy en esa. Quiero, por ahora, vivir.

—La familia es un soporte imprescindible en la creación profesional, ¿qué representa al paso de los años? 

—La familia constituye un soporte para edificar un rascacielos.Cuando le sobrevives, es el mejor recuerdo, una nostalgia infinita y perenne, aunque en mi caso a veces me ha resultado una «carga pesada».   

—Dices que «mueres con las botas puestas en la palabra escrita», y por supuesto, en el orden físico, biológico, habrá un final, ¿cómo lo auguras todavía en la distancia? 

—No la espero, que me sorprenda. De algún modo ya estoy clonada, en mi nieta Ana Sofía, la única «Infanta Regente» en Cuba. Que llegue cuando tenga que llegar. Como le digo a mis alumnos: «Ya crucé el Pacífico y el Atlántico». Dios me dio la vida para vivirla y la muerte para morirla, aunque de esta última nadie ha retornado para contarla. Yo te juro que haré todos los esfuerzos posibles por regresar, así que espérenme con una taza de café, una caja de Populares (cigarrillos cubanos) y una botella de Havana Club. Poco me importa que la publicidad promueba lo contrario. De todas formas, hayque acostarse para toda la vida. ¿Lo dudas?

—¿Cómo quisieras morirte, Mercy?

—Te digo como en unos versos que escribí allá por los finales de 1980: «en una cama triangular sin cabecera»... ¡Y que piensen lo que les de la reverenda gana!


DOCENCIA:


—La carrera de Periodismo en la UCLV es un gozo y un reto en tu universo profesional desde hace más de un lustro, ¿muéstrame momentos trascendentales de tu ejercicio docente? 

—Todas y cada una de mis clases, los trabajos de diploma que he tutorado, sus defensas y, finalmente, el día que reciben sus títulos. Pero los acádemicos no creen mucho en eso. Reuerda que yo soy periodista y profesora titular adjunta. Siento mucho lo pedagógico pero discrepo de lo metodólogico.

—Las asignaturas difíciles, esas qué tienen que ver con el periodismo impreso, llevan la preferencia y el criterio teórico, pero ¿existe en Cuba periodismo de investigación? 

—Estaría por probarse científicamente y en eso ando. Ya cuatro de mis alumnos me han adelantado algo en sus tesis de grado. Tal y como lo define la teoría, no. Habría que redefinirlo a partir del contexto cubano. Aquí lo que se hace, cuando se hace, es el llamado reportaje en profundidad y ya sabes que la apnea que produce ese tipo de inmersiones. No abundan las Deborah Andoyo. ¿Recuerdas el «Caso Sandra?», a su autor lom ahogaron, pero las «jineteras» se mantuvieron a flote.

—Hay un reto en esa dualidad de docente y de periodista; ¿por qué de ese gusto? 

—En el fondo soy una gran romántica. Cuando amo, amo intensamente y me dispongo al sacrificio. Soy martiana.Para mí la docencia ha sido la dosis necesaria de energía, de revitalización para asumir los retos constantes del periodismo.Aunque soy mujer tengo ya muchos hijos regados por el centro de Cuba… y un poquito más allá. Allá aquelñlos que traten de negar el DNA.

—Si volvieras a nacer, ¿serías periodista, abogado, médico o policía? ¿Por qué? 

—Periodista, porque reúne un poco de las cuatro: defiende y encausa, ausculta, dictamina y receta, y aunque no siempre las encuentra, busca pista. Pero tal vez, como respondió el escritor norteamericano Truman Capote a Marcel Proust, decida volver como una mariposa porque «muerta conserva sus colores de la misma manera que me gustaría conservar el color de mi trabajo, y por supuesto, la vida. Y no para ver precisamente desfilar por mi balcón el cadáver de mi enemigos. No tengo enemigos. Tengo amigos que polemizan, y eso es lo que más me gusta de ese grupo. A los demás, que la historia les pase la cuenta. ¡Conmigo tendrán que multiplicar por cien!».