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20/03/2011 9:02:45

 

No es como Stephen Glass, mejor conocido como El Fabulador, quien joven y hambriento de reconocimiento no tuvo pudor en inventar todo lo que escribió para la revista The New Republic y cuya historia inspiró la película «El precio de la verdad». Tampoco, Jayson Blair, el reportero de The New York Times que novato y abrumado por los afanes de cierre del diario fabricó declaraciones, inventó escenas y copió las notas de aquí y allá para redactar sus historias.

 

Pero a Sari Horwitz  cometió «uno de los grandes pecados del periodismo: cortó un par de párrafos que había publicado The Arizona Republic sobre el caso del asesino Jared Lee Loughner, el francotirador que hirió a la congresista Giffords en enero de este año».

Sari Horwitz plagió, un delito profesional habría que ver que hoy en día cuántos cometen sin tanto escándalo y con impunidad absoluta. Pero, además, no es la primera vez que un respetado diario norteamericano tiene que salir públicamente a hacer acto de contrición por la grave falta de sus redactores, algo que ha conmocionado al mundo del periodismo anglo y sobre todo al diario The Washington Post, donde la reportera trabajaba.

Sari Horwitz  pegó en un par de páginas blancas de Word en su computador y, tras el afán del cierre de edición, los puso sin ninguna modificación o anexo en la nota que al otro día salió publicada en su diario y firmada con su nombre.

Lo más difícil de entender es que Horwitz no sólo es dos veces ganadora del Premio Pulitzer —el mayor reconocimiento del periodismo mundial—, y, además,  una veterana  con más de 30 años de experiencia, una de las fichas claves de la unidad investigativa del periódico que ha develado grandes escándalos. Horwitz es una conocedora, una experta, graduada en el College Bryn Mawr y máster en políticas, filosofía y economía en la Universidad de Oxford.

¿Cómo y por qué cuya pluma ha sido internacionalmente celebrada llega a reproducir 10 de los 15 párrafos de una nota de un periódico local? Nada, colegas, ¡las confundió con sus propias notas! Cosas de las nuevas tecnologías, el corta-pega en la cuartilla digital, el siempre apremio por el cierre… 

Su error se produjo cuando confundió sus propias notas con las palabras de alguien más que estaban entre sus páginas. «(…) Siempre es una mala idea transportar las palabras de otro a tu pantalla», expresó públicamente la periodista, después de que el director del diario, Marcus Brauchli, expresara en carta publicada en el diario:

«Es imperdonable. Este es uno de los pecados cardinales del periodismo. Pido perdón a The Arizona Republic, a sus editores y reporteros». Horwitz está suspendida por tres meses, aunque los editores del diario se encargan de revisar con minucia las viejas historias firmadas por la Horwitz.

¿Cómo la descubrieron? Sari ha denunciado muchos casos y enemigos deben sobrarle, incluso dentro del propio diario. ¿Por qué no hacen lo mismo los editores de todos los diarios del mundo? De seguro van a encontrar muchas sorpresas, y no precisamente… plagiadas.

 

(Fuente: noticiaaldia.com)