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05/03/2011 9:50:02



Por Mercedes Rodríguez García



En este mundo convulso de guerra absurdas contra el ¿terrorismo?, acabo de ver una película que muestra el turbio manejo de ciertos líderes e imágenes prisioneros torturados, cárceles al margen de la ley, vuelos no autorizados de la CIA con detenidos, empresas contratistas metidas al lucrativo negocio del antiterrorismo, guerras basadas en mentiras, poblaciones borradas del mapa, abusos a prisioneros, jóvenes sacrificados por políticos sin escrúpulos. Una historia que semeja la tríada George Bush, José María Aznar y Tony Blair.



En febrero pasado Roman Polanski se marchaba de la gala de los Premios César de Francia con el lauro de mejor director por su filme The Ghost writer  (Reino Unido. 2010. 128 minutos. 35 mm.), y otras tres estatuillas técnicas: mejor guión adaptado, música y montaje. El film está basado en la novela «El poder en la sombra» (The Ghost), que tuve la suerte de leer apenas editada en España por la editorial Grijalbo. Ahora, acabo de «saborear» la película basada en la obra literaria del escritor y periodista británico Robert Harris, un buen caso para ilustrar cualquier clase de periodismo de investigación.

Fue a principios de 2007, cuando Harris (formado en Cambridge, ex reportero de la BBC, ex editor de la sección política de The Observer y ex columnista de The Sunday Times y de Daily Telegraph, comenzó a escribir The Gost (El Fantasma).

En el momento de la publicación del libro, muchos especularon que había una velada referencia a su antiguo amigo y ex primer ministro británico, Tony Blair, pero Harris aclara que la idea le surgió «hace mucho tiempo, probablemente quince años atrás», mucho antes de que Tony Blair fuera Primer Ministro.

Por aquel entonces se hallaba interesado en la figura de un ex líder mundial y en alguien que tiene que escribir para este sus memorias. «Imaginé desde el principio algún tipo de interés amoroso entre el escritor y la esposa del ex Primer Ministro, por ejemplo», explicó a la crítica.

Aunque hay obvias comparaciones entre la pareja de Tony y Cherie Blair y la que forman en la ficción, el Adam Lang de Pierce Brosnan y la Ruth Lang de Olivia Williams, Harris subraya la universalidad de los temas.

«Escribir sobre el poder es lo que más me interesa y todas mis novelas son como revisiones sobre este tema. Particularmente, me interesa el fenómeno del líder que pierde credibilidad, ya sea Richard Nixon o Margaret Thatcher. ¿Cómo se reajustan? Lo que le sucede a una persona que está en la cima y luego, pierde esa hegemonía. Cuando empecé a escribir, la imagen de Tony Blair salió volando por la ventana para dar lugar a la creación».

La novela relata la historia de un escritor (Ewan McGregor) que acepta a regañadientes el encargo de terminar las memorias del antiguo primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan), después de la muerte en un accidente de la persona que lo estaba haciendo.

Tras asumir el reto, se instala en una isla de la costa este de Estados Unidos y al día siguiente de su llegada, un antiguo ministro acusa a Lang de autorizar la captura ilegal de presuntos terroristas y su entrega a la CIA, hechos que constituirían un crimen de guerra. El escándalo atrae a periodistas y manifestantes a la mansión de la isla donde se aloja Lang con su mujer (Olivia Williams) y su ayudante personal (Kim Cattrall). A partir del suceso «el escritor» comienza a descubrir pistas que lo conducirán a un oscuro secreto…

Sobre el guión del film dijo Harris «hay cosas que fueron mejor tratadas que en la novela. Fue como reescribirla, ¡pero esta vez haciéndolo bien!».

La figura del narrador (El escritor oculto), interpretada por Ewan McGregor, fue uno de los grandes desafíos para los autores. Un escritor sin nombre que está en el centro mismo de la historia y aún así, sigue siendo un espectador esquivo a los principales eventos; pero, sin embargo, resuelve el acertijo de los acontecimientos principales.

Según McGregor le atrajeron los elementos políticos del guión así como la necesidad de examinar a nuestros líderes. «Los políticos toman decisiones de vida o muerte en nuestro nombre; luego se retiran y vagan por el mundo dando discursos lucrativos y no se les imputa responsabilidad por las determinaciones que ellos tomaron o las mentiras que dijeron. Se salen con la suya sin un rasguño; esto me vuelve loco y esta película es muy oportuna y pertinente», explicó.

El actor Pierce Brosnan (Adam Lang, el exministro) ya había leído la novela y se había sentido muy atraído por el thriller político, las complejidades de la historia y los personajes. «Tiene un sabor shakespeareano; es una tragedia jacobina. Un hombre es atrapado, dadas las circunstancias de su propia vida y su propio ego, por una mujer que realmente no conoce y es manipulado y calumniado por ella.

«Vacilé entre gustar del personaje que interpreto o pensar que era un completo idiota. Pero, terminé creyendo que hay algo de sinceridad en él y realmente quería lo mejor para su país. Estos personajes ocultan mucho y existe un nido de víboras en esta desoladora, triste y más bien austera casa. La escritura es realmente muy buena».

Brosnan nunca se imaginó en un rol de esta naturaleza, así que dice haberla pasado  de maravilla con Roman Polanski. «Es encantador, muy específico, velo con su visor, eligiendo el tiro de cámara, es soberbio. El visor que usa pareciera que data de Knife In The Water (El cuchillo en el agua 1962). He sido un admirador de su trabajo por muchos años. Es un brillante contador de historias cinematográficas».

Para el crítico Pablo O. Scholz, «el tipo de thriller que construyó Roman Polanski en la traslación al cine del best seller de Robert Harris es casi el mismo que ya utilizó en Búsqueda frenética (1988). Y su sabiduría radica en generar intriga en igual grado de tensión, pero casi sin apelar a la acción. […]»

Sobre el elenco que acompaña a Ewan McGregor  y a Pierce Brosnan,   Scholz  lo considera un verdadero lujo. «Desde Tom Wilkinson y Olivia Williams, pasando por un casi irreconocible Jim Belushi pelado, Timothy Hutton y Eli Wallach, todos dan el aporte justo para continuar con la intriga que la película necesita para sostenerse.

Pero los actores no son lo único bueno del filme, ya que mantener en vilo al espectador sin ofrecerle pistas falsas, ni engolosinarse con escenas de violencia es ya un mérito en estos tiempos que corren para el thriller globalizado.

De haber sido un suceso real, «El poder en la sombra» hubiera sido un excelente caso para un reportaje de investigación. Aunque, como sucede en la película, en la vida real el negocio editorial ofrece oportunidades deslumbrantes, es mucho más remunerativo, rápido y eficaz.