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22/02/2011 0:33:22

 

Ayer leí un brevísimo comentario a propósito de las nuevas tecnologías y su incidencia  en el incremento de la de la literatura erótica en la red de redes. ¡Si fuera erótica nada más!  Pero no son las tecnologías, ni nuevas ni viejas, las culpables.

 

El erotismo de buena factura, es arte.  Y según Vargas Llosa, no existe buena literatura sin erotismo, presupuesto que pudiera rebatirse, pero no es mi intención en este momento.

Al igual que en otras artes como la fotografía o el cine, el erotismo, es también medicina para despertar la libido, ese deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y raíz de las más varias manifestaciones de la actividad psíquica… a veces bien dormido de tantas preocupaciones cotidianas.

Lo imperdonable es la abundancia en Internet de sitios Web donde se recopilan relatos eróticos escritos por los usuarios, de pésima factura. Y es lo grave, pues el anonimato facilita la escritura y difusión de textos que podrían estar inspirados en la realidad o que simplemente satisfacen la imaginación y creatividad «descocada» del narrador.

Por lo general, se trata de escritos de corta duración y fuerte contenido sexual, muy explícito, aunque no existe una norma o tendencia prefijada.

Abunda la temática prohibida o desaprobada socialmente, con narraciones relativas a diferentes filias y argumentos aberrantes como el sexo con menores, con animales, el incesto, el sadomasoquismo, la necrofilia… ¡Hasta cuándo y hasta dónde! Y aquí sí me horrorizo porque nada humano, me es ajeno.