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27/12/2010 20:53:46

(Una colaboración de Luis Machado Ordext)

El café, otra vez se sitúa en la palestra pública. El cubano en lo adelante, por dificultades económicas, retomará aquellas mezclas  que hicieron histórico al chícharo. Eso no es un secreto, aunque nadie duda de las bondades de la bebida pura, una de las más cotizadas en el mercado internacional y también en nuestra tradición e idiosincrasia.

El declive de los volúmenes de las cosechas y los rendimientos se deben, según los investigadores, a la combinación de factores relacionados con suelo y el clima, y a otros sociales, tecnológicos y económicos. Desde hace años el tema es de obligatorio debate público, de análisis de economistas, y de profunda inquietud entre los caficultores, quienes ven en ese cultivo un paliativo a la subsistencia económica.

No es solo un problema de Cuba; también azota a otros productores del mundo. Obvio, en nosotros existe un mayor cuestionamiento por la elevada calidad del grano recolectado en los macizos montañosos de Guaniguanico, Guamuhaya, Sierra Maestra, Nipe-Sagua-Baracoa, principales centros cultivadores, y la probada competitividad del fruto en los mercados foráneos.

Cierto es que «si queremos, seguir tomando café puro y sin racionamiento, la única solución es producirlo en Cuba», aseguró el General de Ejército Raúl Castro Ruz hace menos de una semana.

La preocupación no era solo de un instante, de un día. Durante un lustro todos disfrutamos del café puro, importado, libre de cualquier otra mezcla, pero la economía está en aprietos, y se precisa de  una revitalización agrícola a partir de la introducción acelerada de variedades genéticas que acentúen progresos productivos, resistentes a plagas y enfermedades y de adaptabilidad a las condiciones de los suelos, una vía posible  de  incrementar la fitodiversidad del cultivo y de contribuir a la estabilización de los acopios.

En 1990 la tercera parte de los sembrados cubanos de cafetos cumplieron su vida útil por vejez o estado de deterioro, y los rendimientos descendieron a unas 0,25 toneladas por hectárea, cuando en realidad pudiera cuadruplicarse esa cantidad. Desde  2002 se trazó un programa para la recuperación del cultivo; se entregaron tierras en usufructo y se aplicaron medidas económicas y financieras para el ascenso.

La labor conjunta de científicos y productores será vital para la recuperación cafetalera de Cuba.

 

No obstante, los resultados no son satisfactorios, sobre todo en una renovación de plantaciones que garantizara la adecuada proporción en la edad de los sembrados.

Así dicen científicos de la Estación de Investigaciones del Café de Rincón Naranjo, en la serranía villaclareña, quienes a veces ven que sus esfuerzos y estudios quedaron en terreno de ciertas esterilidades por inobservancias de los propios cosecheros.

Si preguntaran cuántas toneladas necesita el país para cubrir la cuota que recibe la población, incluso el consumo social, diría que rebasan las 25 mil. Sin embargo, la producción no alcanza para autoabastecer al país, lo que hace que algunos recurran al mercado negro, subterráneo, cosa que también lacera la economía nacional.

Cuba tiene que importar granos de inferior calidad y más baratos de Viet Nam y Brasil, porque es obvio, una parte de lo que producimos va a la exportación, principalmente el comercializado como Crystal Mountain, de zonas del Escambray, muy cotizado por el mercado japonés.

De lo que se trata, y quedó claro en el discurso del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros durante la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional, es que la economía cubana no se puede dar el lujo de importar café por valores superiores a los 47 millones de dólares, sobre todo en cotizaciones alcistas de ese producto, cuando en realidad hay sobradas condiciones en los suelos serranos, y también en los llanos, para producir un grano que satisfaga nuestras demandas internas.Ž

No dudo que en lo inmediato, y ahí están los debates que propician el Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, de conjunto, científicos y cosecheros, propicien a nuestros cafetales la renovación que demanda un cultivo del cual en el siglo antepasado, Cuba constituyó el principal exportador del mundo.

(Fuente: Periódico Vanguardia/ Luis M. Machado Ordetx)