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13/11/2010 21:01:34

Seúl ha sido la escenografía de un G-20 sin contenido sustancial, más allá del compromiso verbal de evitar una guerra de divisas. China emerge como un actor determinante dado que Estados Unidos espera contar con su actitud responsable en materia de desequilibrios comerciales.

El presidente chino, Hu Jintao, llegó a Seúl siendo reticente a las demandas de Washington para que aceptara el establecimiento de controles para limitar excesos en los desequilibrios de la balanza comercial.

Y Hu Jintao se va sin haber tenido que ceder en este sentido más allá de un compromiso de buena voluntad para seguir las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que será la institución encargada de velar por la estabilidad de las finanzas mundiales.

China y las demás potencias emergentes están ganando peso en el FMI, acorde con su nuevo papel determinante en el sector financiero internacional.

Sin mover ficha, el gobierno chino ha consolidado su papel protagonista en la gestión de un panorama económico del que tiene numerosas claves estratégicas.

Consolidar la recuperación mundial depende en buena medida de la actitud de China, por el peso de su mercado, por la financiación de la deuda, por su capacidad de inversión en el exterior.

Los altos funcionarios de la Administración Obama presentes en Seúl se conforman con el compromiso sin garantías porque consideran que pueden contar con una actitud responsable por parte de Pekín.

Es cierto que China bate récords en su superávit comercial, pero también es el garante de que no se precipite una competición entre países del área para ver quién devalúa más su divisa y consigue hacer más competitivas sus exportaciones.

Si alguna vez le había interesado este escenario —que tampoco parece el caso dado que en 1997 ni siquiera devaluó—, ahora ya no tiene ningún sentido.

De hecho, aunque de manera muy paulatina, China permite que el yuan vaya apreciándose respecto al resto de divisas. La inflación desbocada puede corregirse con una apreciación lenta.

Simplemente, China tampoco puede permitirse una revalorización muy marcada de su divisa que genere desajustes en su economía; precisamente este escenario no conduciría más que a una pérdida de su capacidad de motor de la recuperación.

Y Estados Unidos lo sabe. Japón lo sabe, dado que el buen comportamiento de sus exportaciones está dependiendo cada vez más de la demanda china.

(Fuente: asiared.com)