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08/11/2010 19:06:07

Respuesta: Tendría que recibir capacitación sobre los aparatos que hoy utilizamos, como grabadoras y ordenadores, pero una vez los dominase seguiría siendo un buen periodista

Hace algunas décadas, incluso antes del boom de las escuelas de Comunicación en universidades del país, allá por la década de los años 70, la misión del periodismo era informar, con el mayor rigor profesional posible, de los acontecimientos que en su momento marcaron la vida de nuestros padres y abuelos. Pauta a seguir, según los colegas más experimentados, era diferenciar información de opinión y respetar el lenguaje, nuestra herramienta de trabajo.

Hay cosas que cambian y principios que permanecen

La forma de elaboración de los diarios, desde la formación de los textos hasta la impresión en rotativas gigantescas, era diferente a los métodos computarizados de nuestros días. Hay cosas que cambian y principios que permanecen. La tecnología y los modelos de negocio del oficio se ajustan sin cesar, pero todavía, cada jornada, en las redacciones un grupo de profesionales trata de informar con el mayor rigor posible de los acontecimientos que marcan nuestras vidas y se esmera por conservar la lealtad de la comunidad de lectores que ha logrado congregar.

Los periodistas digitalizados del futuro, muchos de los cuales están en las escuelas y otros ya hacen sus pininos en las redacciones, tendrán responsabilidades idénticas. Los nuevos se identifican con facilidad: pueden escribir a la velocidad de la luz en teclados minúsculos, inadecuados para la yema de un dedo, al mismo tiempo de que platican de otro tema. ¿Cómo le hacen? Imposible emularlos.

Plataformas técnicas distintas irrumpen en el corazón del oficio a manera de tsunami. La forma de apropiarse de la información es otra. Reportear y seleccionar se están volviendo sinónimos. Antes conseguir información era la chamba, hoy día lo es discernir la información relevante, de calidad, entre la multitud de mensajes que circulan por la red. Los emisores se multiplicaron exponencialmente. Sin embargo, al final del día, la misión sigue siendo informar con el mayor rigor profesional posible. No ha encontrado sustituto digital para la reflexión crítica.

Lo mismo, pero más barato

 El contenido hizo, hace y hará la diferencia. Una buena pieza periodística cabe en cualquier formato. Periódico y periodismo son dos cosas distintas. Así como habrá cirujanos sin quirófano; habrá periodistas sin periódico. La materia primera de los periódicos, el papel, tiende a convertirse en una joya preciosa, pero se pueden crear docenas de alternativas. Lo mismo, pero más barato, como dice el conocido lema publicitario. En los albores de la civilización, cuando todavía éramos nómadas, había en la tribu alguien que curaba, que no se titulaba de médico; y personas que informaban, a las que no se les decía periodistas.

Contestemos este planteamiento: ¿un buen periodista de hace cincuenta años, podría destacar en nuestros días? Mi respuesta es que sí. Tendría, claro está, que recibir capacitación sobre los aparatos que hoy utilizamos, como grabadoras y ordenadores, pero una vez dominándolos seguiría siendo un buen periodista. De la misma manera, un buen periodista de nuestra generación podría sobresalir si viajara al futuro, cuando los periódicos de papel sean piezas de museo y la información se transmita en ingeniosos dispositivos que no han sido inventados.

Desafíos que tocan a la puerta

Es importante que el asunto de la evolución de la tecnología no impida que nos concentremos en los retos que nos impactan hoy y lo harán mañana, no dentro de un par de décadas. Desafíos que tocan a la puerta, imposibles de eludir. Antes de encarar a los nietos del monstruo digital de nuestros días, hay tareas inaplazables. Hacia el interior de las instalaciones, el anquilosado modelo de negocios de nuestras empresas, o la débil lealtad de los lectores. En la sociedad en la que operamos está la violencia sin control, la democracia estancada en la pubertad y, sobre todo, la desigualdad social que es nuestra asignatura pendiente desde que el cura Hidalgo despachaba en el pueblo de Dolores.

La médula del oficio

El manejo de la información es la médula del oficio, la forma de presentar el resultado es algo que está en constante evolución. Si realizamos nuestro trabajo diario con el mayor rigor profesional posible, los periodistas seremos parte del cambio tecnológico que padecemos; si no lo hacemos, ni siquiera tendremos que preocuparnos por el futuro. No llegaremos.


(Fuente: Cubaperiodistas / cronica.com.mx)