Barbarito Diez conformó un repertorio basado en páginas antológicas del cancionero tradicional cubano, por lo que contribuyó decididamente a que no cayeran en el olvido memorables composiciones de Eliseo Grenet, Ernesto Lecuona, Sindo Garay, Manuel Corona, Moisés Simons, María Teresa Vera, Miguel Matamoros, Luis Casas Romero, Félix B. Caignet y Eduardo Sánchez de Fuentes, entre otros importantes autores cubanos.

Nació en Bolondrón, Matanzas, un 4 de diciembre de 1909, Día de Santa Bárbara, de ahí el nombre. A los cuatro años pasó a residir en Manatí, en la zona más oriental de Cuba, donde se produce su debut como aficionado. En 1930 decide radicarse en La Habana, y un año después da sus primeros pasos como profesional en el Café Vista Alegre, en un trío que formó junto al tresero Isaac Oviedo y el compositor, guitarrista y trovador Graciano Gómez.

Allí le descubren otros intérpretes, compositores e intelectuales que visitaban el afamado recinto, aunque ya había acrecentado su prestigio en un viaje a Puerto Rico. Este en este café, en 1937, donde se produjo el memorable encuentro entre Barbarito Diez y el gran compositor y pianista Antonio María Romeu

También incluyó en su repertorio obras de creadores latinoamericanos, entre los que se destacan las composiciones de Agustín Lara, María Grever, Pedro Flores, Rafael Hernández, y el venezolano Simón Díaz, al que Barbarito le hiciera una personalísima interpretación de su mundialmente conocida Caballo viejo. Los más disímiles públicos de Puerto Rico, República Dominicana, Estados Unidos de Norteamérica, México y Venezuela, disfrutaron del arte de este cubano genuino.

Dentro de la historia de la música popular cubana, la figura de Barbarito Diez es antológica. Su forma de decir la canción, su sentido del ritmo, su impecable afinación y esa forma tan personal de interpretación, lo hicieron único.

El arte de Barbarito Diez trasciende fronteras. Su proyección escénica Su voz precisa, inalterablemente dulce lo caracteriza.  Como afirmara «Barbarito, es una categoría diferente». No por gusto la crítica musical especializada lo consideró una gloria de América Latina.