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Por Mercedes Rodríguez García

Una respetable profesora de mis años universitarios me dijo un día algo que grabé para siempre en la memoria biológica. (Entonces no existían las USB): «Eres lo que escribes, y eres como escribes, pues escribir es en múltiples formas, un desnudamiento frente a los demás».

«La letra con sangre entra» me repetían de pequeña. Y no tanto por las letras, que las disfrutaba sin proliferación de faltas de ortografía, sino por los números en las dichosas tablas de multiplicar que me hacían repetir de memoria una y otra vez... ¡hasta que me las aprendí de atrás para adelante y de adelante para atrás!

Lo de la sangre ¿vendría por el pellizco, el tirón de orejas o el coscorrón que jamás recibí ni de familiares ni de maestros? Cierto, a juicio de muchos adultos que seguían el consejo refranero, los resultados obtenidos les parecían buenos.  Porque en realidad, los más cultos y preparados, interpretaban lo «sangriento» como una metáfora que al final traducían en puntuales correctivos que ayudaban a templar el carácter y desarrollar la fuerza de voluntad.

De ese modo lo que más funcionaba -en mi caso- eran las prohibiciones: no ver los«muñes» en la televisión, no salir el domingo, no dejarme montar bicicleta ni patines, esconderme ciertos y determinados juguetes y, en el peor de los casos, acostarme a dormir durante una semana a la seis de la tarde, y de alimento solo un vaso de chocolate y una rueda de pan con mantequilla. Y de eso, ¡señores! Hace más de cuatro décadas.

Ya el refrán ¿pasó al olvido?, y desconozco si existe uno más contemporáneo y menos satánico. Sin embargo, de mi época al presente, se han quintuplicado las faltas de ortografía, la redacción es pésima y el vocabulario reducidísimo. Mas, para aprenderse las tablas, el método ha variado poco, pero los resultados no se alcanzan con igual efectividad.

Hace unos días entré a un foro sobre el tema en internet. La verdad que no aporté nada y me limité a leer lo que decían los demás, desde Chile, Argentina, México, Perú, Bolivia y Nicaragua, hasta la gran España. El mal se ha tornado tan contagioso como la H1N1. Todos trabajan buscando la vacuna, pero la cuestión demora.

Un padre anotaba las influencias nocivas del subtitulaje en las películas, plagados de faltas de ortografía y modismo de otras lenguas; otro, achacaba rotundamente la causa a la falta de preparación de los maestros y al poco espíritu de superación en los adultos. Un tercero, se autoflajelaba por lo pusilánimes que se han vuelto ante los hijos dominantes, egoístas, rebeldes y prepotentes: «Llegamos cansados del trabajo y se aprovechan de eso para escaparse al cine, a los clubes o a casa de los amigos».

¿Por qué escriben tan mal y con tan deficiente ortografía los usuarios del messenger, por ejemplo?, preguntaba la tutora de dos sobrinos. Una chica de secundaria sustentó que el problema es entender y escribir rápido, incluso ya no hacen falta las palabras porque hay emoticones que la sustituyen». «En mi escuela -refería un joven-ya no aceptan trabajos manuscritos, ahora todo hay que escribirlo en la PC y para eso está el diccionario del Word (...) lo del chat, es nuevo, y nuevo tiene que ser el lenguaje», y concluía con un prolongado jajajajajaá

«Eso es una burrada  -replica un tío madrileño-. Si es para ahorrar tiempo nada que ver escribir, ‘balla’ por ‘vaya’ que es lo correcto, así que ese pretexto no me convence. ¿No será más bien ignorancia? Entiendo cuando escriben ‘q’ en vez de ‘que’, pero ya no poner acentos o ponerle ‘b’ cuando va ‘v’».

Redactar con conciencia del idioma español -que es la plataforma que sostiene lo que somos-, constituye el instrumento que nos permite comunicarnos entre nosotros. Y no puede sentirse como una carga sino como un desafío, como una travesía gozosa y divertida, capaz de mostrarnos todas las posibilidades del lenguaje, que aún tiene mucho que ofrecernos si lo empezamos a escribir con apasionada curiosidad, como un experimento en marcha, como un país desconocido que cada generación debe descubrir y explorar por cuenta propia, pero sin olvidar que ya otros han explorado ese territorio, que ya otros han escrito sus nombres en los diccionarios y manuales de ortografías.

Claro, algunos argumentan que las lenguas se transforman y surgen nuevas palabras.  Y no deja de asistirles la razón. Pero nunca «inventar» antes de conocerla a fondo y ponerla a prueba en toda la extensión de su vocabulario, de su sintaxis.

En Cuba el fenómeno ha sido descubierto y buscamos métodos y alternativas para mejorar la ortografía y la redacción en los escolares, desde la enseñanza primaria hasta la superior. ¿Culpables? Todos: la sociedad, la escuela, la familia. ¿Por qué no retomar los concursos, competencias inter-escuelas en aras de un trofeo nacional, vincularlos a la comunidad y promoverlos por los medios de prensa?

Di adiós a las faltas de ortografía en tus libretas, en tus notas, en tus cartas, en tus emailes, en los chat.  Lo que habría que hacer es aprender a escribir bien de una vez, avergonzarse de que haya un estudiante universitario que ponga «velocidad», «bienio», «varrita» o «apollado».

Generalmente nuestro cerebro almacena algo así como 45 mil terabytes de información, lo que equivale a unas 146 mil Wikipedia juntas. Si llevamos una vida sana, a los treinta años tenemos un sexto del cerebro ocupado, lo cual nos indicando que no poseemos tantas cosas en la cabeza como para no recordar como se escribe determinado vocablo. Simplemente significa que cuando estamos escribiendo no estamos pensando en lo que hacemos.

El tratamiento de los conocimientos ortográficos debe comenzarse desde las edades tempranas, de allí que el maestro primario se empeñe en que los alumnos fijen y apliquen la correcta escritura de las palabras, sin dejar a un lado hasta dónde debe llegar el niño de las edades comprendidas en el primer ciclo de la escuela primaria, en el que el objetivo central no tiene un carácter normativo, sino que se enmarca en la adquisición del código para la lectura y la escritura. El trabajo ortográfico, en tal sentido, tiene un carácter preventivo, incidental y correctivo.

Puede que la letra con sangre entre, pero lo que sí está probado es que el único método eficaz de dominar la ortografía consiste en leer mucho y escribir mucho y con mucho cuidado. Internet no suple ni suplirá el libro tradicional. No todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo despreciable. Saber combinar unos y otros métodos, de manera novedosa y atractiva, nos acercarán a la clave del éxito y revertirán la situación de emergencia.