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Por Mercedes Rodríguez García.

El neoyorquino Mark Zuckerberg hace mucho tiempo que consiguió lo que se proponía: el año pasado, con solo 25 años, ya estaba considerado como el millonario más joven de los Estados Unidos. Su fortuna, según Forbes, se estima en más de 1.500 millones de dólares... Pero todo, hasta la riqueza, tiene su precio en un mundo donde no existen escrúpulos ni se respeta la vida privada.

Según una crónica del periódico español El País, la vida de Mark Zuckerberg «resulta un compendio de lujo y glamur, viajes en primera y restaurantes caros.» Todo gracias a su criatura: Facebook, una página que empezó casi como un capricho de niño rico y que ha acabado conquistando a 250 millones de usuarios, «gracias a que la gente ha comprendido el poder de estar conectado», según declaraciones de su autor.

Pero Zuckerberg también ha descubierto que, como acostumbra a pasar cuando se alcanzan ciertos estatus, nada es gratis. El libro de Ben Mezrich sobre su subida a las cumbres de la popularidad, «Multimillonarios accidentales: la fundación de Facebook, un cuento de sexo, dinero, genio y traición» (The accidental billionaires: the founding of Facebook, a tale of sex, money, genious and betrayal), le presenta como «un inepto que robó la idea de Facebook a algunos de sus compañeros en Harvard, y cuya única obsesión eran las chicas y el sexo.»

Además, Zuckerberg «yace envuelto en una batalla judicial luego de recibir diversas querellas de sus ex compañeros de Harvard, a causa precisamente de la paternidad del invento.» Al mismo tiempo, sufre la competencia de páginas de nuevo cuño, como Twitter, cuya influencia, según el periodista Toni García, «está minando el monopolio de Facebook la red social por excelencia.»

No obstante la fama es la fama, de ahí que el cineasta Aaron Sorkin anunciara recientemente su intención de hacer un filme sobre la compañía. Pese a que no hubo reacciones oficiales, algunos medios de comunicación estadounidenses ironizaron sobre lo perdido que andaba Sorkin últimamente, después del fracaso de su último proyecto televisivo, y casi todos coincidieron en que «allí había poco que contar.»

Zuckerberg, asustado por la reputación y profundidad del proyecto del guionista, ha enviado una circular a todos sus colaboradores (incluyendo aquellos que ya no trabajan en Facebook) advirtiéndoles de que se abstengan de hablar con «terceros sobre las tripas de la compañía.»

Tomando como punto de partida artículos demoledores como el de Claire Hoffman en la revista Rolling Stone, donde Zuckerberg es retratado «como un gánster cibernético, un freak con ínfulas, que se limitó a reescribir lo que cuatro de sus colegas esperaban convertir en una mina de dinero», la película sobre Facebook empieza a lucir «como un retrato oscuro, desagradable y puntilloso del éxito, en lugar del cuento de hadas que a los accionistas les gustaría ver.»

Ninguna de las muchas prevenciones y dudas sobre la suerte de la información personal «colgada» en Facebook ha derivado en una reducción de la popularidad de Mark Zuckerberg. Todo lo contrario: el creador de la red social, anunció oficialmente en su blog la millonaria cifra de usuarios registrados, un récord absoluto para esa plataforma nacida en 2004. También negó que Facebook «renuncia, de momento, a salir a bolsa», y descartó «que la empresa cotice a corto plazo y que necesita financiación inmediata».

Afirmó que siempre está abierto a realizar asociaciones e inversiones, pero que Facebook puede lograr las metas de su negocio con su actual base financiera. «Si hay una inversión bajo términos muy buenos la consideraremos, sólo para tener más base si queremos hacer algo en el futuro», declaró Zuckerberg a la agencia de prensa Reuters en la Cumbre de Tecnología Mundial.

Zuckerberg asegura que «está estudiando nuevas posibilidades para que los miembros de la red puedan realizar compras y regalos a través de su plataforma y esperan, además, aumentar en un 70% sus ingresos este año.»

Descartando el chismorreo mediático y los miles de billetes que se mueven tras noticias y personajes de este tipo, lo cierto es que la crisis también afecta a las empresas de internet, aunque hayan experimentado un éxito meteórico o tengan una solidez financiera al parecer fuera de dudas.

No en vano, durante el primer trimestre del año Google, cuya salud le ha llevado a colocarse como uno de los futuros valores de un renovado Dow Jones, redujo sus ingresos por primera vez en su historia.

Ahora Mark Zuckerberg parece amenazado, no obstante la última noticia de que un grupo ruso invierte 200 millones de dólares en Facebook.

 

 


 

 

Por Mercedes Rodríguez García.

 

 

El neoyorquino Mark Zuckerberg hace mucho tiempo que consiguió lo que se proponía: el año pasado, con solo 25 años, ya estaba considerado como el millonario más joven de los Estados Unidos. Su fortuna, según Forbes, se estima en más de 1.500 millones de dólares... Pero todo, hasta la riqueza, tiene su precio en un mundo donde no existen escrúpulos ni se respeta la vida privada.

 

Según una crónica del periódico español El País, la vida de Mark Zuckerberg «resulta un compendio de lujo y glamur, viajes en primera y restaurantes caros.» Todo gracias a su criatura: Facebook, una página que empezó casi como un capricho de niño rico y que ha acabado conquistando a 250 millones de usuarios, «gracias a que la gente ha comprendido el poder de estar conectado», según declaraciones de su autor.

 

Pero Zuckerberg también ha descubierto que, como acostumbra a pasar cuando se alcanzan ciertos estatus, nada es gratis. El libro de Ben Mezrich sobre su subida a las cumbres de la popularidad, «Multimillonarios accidentales: la fundación de Facebook, un cuento de sexo, dinero, genio y traición» (The accidental billionaires: the founding of Facebook, a tale of sex, money, genious and betrayal), le presenta como «un inepto que robó la idea de Facebook a algunos de sus compañeros en Harvard, y cuya única obsesión eran las chicas y el sexo.»

 

Además, Zuckerberg «yace envuelto en una batalla judicial luego de recibir diversas querellas de sus ex compañeros de Harvard, a causa precisamente de la paternidad del invento.» Al mismo tiempo, sufre la competencia de páginas de nuevo cuño, como Twitter, cuya influencia, según el periodista Toni García, «está minando el monopolio de Facebook la red social por excelencia.»

 

No obstante la fama es la fama, de ahí que el cineasta Aaron Sorkin anunciara recientemente su intención de hacer un filme sobre la compañía. Pese a que no hubo reacciones oficiales, algunos medios de comunicación estadounidenses ironizaron sobre lo perdido que andaba Sorkin últimamente, después del fracaso de su último proyecto televisivo, y casi todos coincidieron en que «allí había poco que contar.»

 

Zuckerberg, asustado por la reputación y profundidad del proyecto del guionista, ha enviado una circular a todos sus colaboradores (incluyendo aquellos que ya no trabajan en Facebook) advirtiéndoles de que se abstengan de hablar con «terceros sobre las tripas de la compañía.»

 

Tomando como punto de partida artículos demoledores como el de Claire Hoffman en la revista Rolling Stone, donde Zuckerberg es retratado «como un gánster cibernético, un freak con ínfulas, que se limitó a reescribir lo que cuatro de sus colegas esperaban convertir en una mina de dinero», la película sobre Facebook empieza a lucir «como un retrato oscuro, desagradable y puntilloso del éxito, en lugar del cuento de hadas que a los accionistas les gustaría ver.»

 

Ninguna de las muchas prevenciones y dudas sobre la suerte de la información personal «colgada» en Facebook ha derivado en una reducción de la popularidad de Mark Zuckerberg. Todo lo contrario: el creador de la red social, anunció oficialmente en su blog la millonaria cifra de usuarios registrados, un récord absoluto para esa plataforma nacida en 2004. También negó que Facebook «renuncia, de momento, a salir a bolsa», y descartó «que la empresa cotice a corto plazo y que necesita financiación inmediata».

 

Afirmó que siempre está abierto a realizar asociaciones e inversiones, pero que Facebook puede lograr las metas de su negocio con su actual base financiera. «Si hay una inversión bajo términos muy buenos la consideraremos, sólo para tener más base si queremos hacer algo en el futuro», declaró Zuckerberg a la agencia de prensa Reuters en la Cumbre de Tecnología Mundial.

 

Zuckerberg asegura que «está estudiando nuevas posibilidades para que los miembros de la red puedan realizar compras y regalos a través de su plataforma y esperan, además, aumentar en un 70% sus ingresos este año.»

 

Descartando el chismorreo mediático y los miles de billetes que se mueven tras noticias y personajes de este tipo, lo cierto es que la crisis también afecta a las empresas de internet, aunque hayan experimentado un éxito meteórico o tengan una solidez financiera al parecer fuera de dudas.

 

No en vano, durante el primer trimestre del año Google, cuya salud le ha llevado a colocarse como uno de los futuros valores de un renovado Dow Jones, redujo sus ingresos por primera vez en su historia.

 

Ahora Mark Zuckerberg parece amenazado, no obstante la última noticia de que un grupo ruso invierte 200 millones de dólares en Facebook.