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Sobre unn artículo titulado «La paz con China y otros accidentes» , dado a conocer el 24 de mayo por «Chicago Tribune». Y muy a la asiática, responden un colega a través del periódico digital http:www//spanish.peopledaily.com.cn 

Al divertirnos con petardos, no nos sentimos sorprendidos al verlos estallar. Pero el problema está en que cuando uno enciende un petardo y lo lanza, pero se da cuenta de que no ha estallado, esto sí sorprende mucho. En los últimos diez años, los contactos entre Estados Unidos y China han sido así. A pesar de oler fuertemente a pólvora, no han estallado.

Desde hace mucho Estados Unidos consideran a los chinos como una amenaza, no sin motivo. Nuestros dos países fueron partes beligrantes en la Guerra de Corea y, además, China ayudó a los vietnamitas a enfrentarnos. El régimen comunista de Mao Zedong alentó, a través del suministro de armas, al "movimiento de liberación" a nivel mundial. Hasta en los años noventa del siglo pasado, el neoconservadurismo calculaba que tendríamos una nueva Guerra Fría con Beijing, que deseaba vehementemente ajustar las viejas cuentas.

China hace a la gente bañarse en sudor frío y las razones no son difíciles de comprender. Gracias al rápido crecimiento de 30 años, ya es hoy la tercera economía más grande del mundo. Todas las personas que presenciaron la Olimpiada de Verano 2008 pueden testimoniar que es aterrorizante la capacidad de este país de concentrar los recursos humanos para hacer una determinada cosa. La China con 1.300 millones de habitantes hace recordar una conocida palabra de José Stalin: "A veces la cantidad también tiene calidad."

La preocupación más concreta reside en el presupuesto militar que crece en grandes márgenes. China también es sospechosa de atacar la red de computadoras del Pentágono. China no oculta que está lista en todo momento para hacer la guerra con nosotros por el problema de Taiwan. Ultimamente, barcos chinos hostilizaron una y otra vez a barcos estadounidenses de supervisión y control ubicados en aguas internacionales, lo que parece ser una deliberada prueba para nuestro nuevo presidente.

China es obviamente una fueza que no se puede subestimar, pero no se debe sobreestimarla. Hasta hoy, los gastos de defensa de China no llegan ni a una cuarta parte de los de Estados Unidos. China aún no tiene ni un solo portaaviones, que constituye un instrumento indispensable para el envío de fuerzas armadas por el mar.

Prepararse para entrar en guerra con Estados Unidos no equivale a querer o buscar una guerra. Esto se debe tal vez a una consideración prudente. Siendo una superpotencia autoconsiderada como El Salvador, nosotros permitimos que algunos países teman ser blanco nuestro.

En vista de la existencia de rivales históricos y países nucleares inestables en sus alrededores, el motivo de China en su expansión militar no es tan dudosa. Además, no han pasado sino dos generaciones desde que este país se ha librado de la agresión japonesa. De todos modos, el dinero que gastamos en la defensa es más que el total de los gastos correspondientes de los demás países del mundo y, además, todos nuestros enemigos están más allá de la mitad del mundo.

Sin duda alguna, aún cuando no existamos nosotros, la mayor parte (probablemente no total) de la expansión militar de China seguirá llevándose a cabo. Este es un proceder normal de una potencia emergente-diferente de la manera de obrar de un país expansionista (por ejemplo la antigua Unión Soviética) basada en la ideología.

Desde luego, aún cuando se trata de una potencia emergente, puede tener conflicto con los ya existentes poderes, sobre todo cuando reclama mayor respecto y fuerza de influencia. Pero hasta hoy China evita convertirse en una fuerza destructiva.

China, que fue enemigo jurado del orden interancional, ya se ha incorporado a la Organización Mundial del Comercio, ha enviado a Africa personal para el mantenimiento de paz y ha desarrollado relaciones estrechas con Taiwan. Hace poco, China ha enviado buques militares a las aguas frente a Somalia para combatir a los piratas. Zhang Xiaoming, profesor del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Beijing, señaló: "China quiere ser un país de statu quo, en lugar de un país de carácter revolucionario." Los dirigentes de ese país también han hecho declaraciones similares.

Los prudentes no tomarán en serio este tipo de declaraciones. Pero en el caso de China, no hay distancias claras entre las palabras y el proceder de Beijing. Razón por la cual probablemente ellos hacen lo que dicen. Hablando en su conjunto, el proceder de China permite considerar que ellos creen que un país puede garantizar la prosperidad y seguridad a través de prudencia, moderación, cooperación multilateral y una limitada fuerza militar. No es extraño que las personalidades de Washington se sientan desconcertadas. (Fuente:http://spanish.peopledaily.com.cn/31619/6666879.html)