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Por Mercedes Rodríguez García

 

Cuatro jóvenes cantantes, procedentes de cuatro nacionalidades España, Suiza, EE.UU. y Francia, unieron sus cualidades vocales bajo el nombre Il Divo, un intento intermedio entre el la ópera (lo clásico) y la canción (lo popular).

 

Unirse, no costaría tanto trabajo como demostrar que la fórmula funciona, más allá del glamour, el espectáculo y los expertos en promoción pública. No me atrevería a afirmar que han llenado la brecha entre un estilo y el otro, algo que hoy se conoce como «popera» (Pop Ópera) pues lo principal que les falta es voz.

 

Hace pocos días, la Televisión Cubana retransmitió un recital de Il Divo.Los cuatro jóvenes, Carlos, Urs, David y Sebastien, no me enseñaron mucho, aunque no niego que «refresqué» los ojos.

 

Mezcla, fusión o como se le llame, la fórmula tal vez funcione para el mercado del disco y el mundillo del espectáculo, cada vez más banal y estandarizado como la cultura misma.

 

No creo que quienes saben de música les auguren mucho tiempo de vida. Porque ni están hechos para escucharse en una favela ni en la Opera de Milán.

 

Que la ópera siga siendo ópera y la canción, canción. Si la naturaleza no los dotó de las cuerdas vocales y el aparato respiratorio privilegiado de los grandes, que se dediquen al Pop con lo que tienen.

 

Mientras, que las disqueras y empresarios continúen ampliando su fortuna a favor de la industria cultural, cuyas verdaderas intenciones yacen bien lejanas de acercar lo culto a lo popular.

 

En fin, que para mí Il Divo,  solo como colirio refrescante porque,

la musicoterapia conviene a ciertos públicos enfermos.

 

Salvando la distancia...  ¿No recuerdan la historia de Farinelli, el más famoso de los castrati contratado por la corte española para cantar varias arias por noche con el fin de curar las depresiones del rey Felipe V?