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Por: Mercedes Rodríguez García

Luego de confirmar que el cartel con la frase martiana «Piensa el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea...» colgaba a la vista de todos, Miriam Peña Fraga comenzó una peculiar charla sobre el pasado, presente y futuro del patrimonio cultural en Villa Clara, mundo en el que navega a sus anchas por haberse adentrado en él desde1972, cuando una sola persona desempeñaba el cargo de Coordinador de Museos y Monumentos, y el territorio a controlar comprendía 32 municipios.


Sobre la idea del Apóstol, explicó: «Se trata de un texto tomado del ensayo Nuestra América, uno de los más importantes que se han escrito en lengua española, y me gusta porque en mi vida profesional he tenido que enfrentar muchos ’aldeanos vanidosos’. Por ello les pido reflexionar al respecto pues desde cualquier ángulo que trabajemos habrá que seguir luchando contra criterios aldeanos, las más de la veces vencidos pero otras, impuestos por razones varias.»


Con detalles, fechas y anécdotas abundantes -pese a reiterar que solo recuerda la fecha del cumpleaños de su hijo- Miriam abordó pormenores, argumentando siempre que lo más importante del Patrimonio consiste en «no entenderlo desde una visión tradicionalista, que lo relega al pasado, sino como algo con un significado en la vida cotidiana, conectado a nuestros orígenes y proyectado al futuro. No es quedarnos en el origen, tampoco asirnos al concepto vacío y tradicionalista de porque es viejo, es patrimonio.»


Casi cuatro horas de intercambio valieron la pena para percatarnos de cuánto tiempo ha pasado desde el 7 de marzo de 1978 cuando se fundó la Comisión Provincial de Monumentos, y luego, el 11 de enero de 1989, el Centro Provincial de Patrimonio, cuya sede actual en Céspedes No.10 cambió el panorama del populoso callejón santaclareño, el 13 de diciembre de 1998. Allí, además de oficinas, nacieron nuevos espacios (Viaje a la Semilla, Danza del Alma, La Peña de Los Beatles) para artistas del patio y del país, y que también de cierta manera convirtieron en suyo los ciudadanos al reconocerlo y bautizarlo como La casita de Martí.


Los sabores y sinsabores desfilaron junto con nostalgias y desesperos manifiestos por hacer más, siempre que existan la voluntad política y gubernamental para ello, algo que en Remedios, por ejemplo, primó sobre el dictamen de 29 renombrados especialistas que votaron por la demolición de más de 20 edificios de la Octava Villa y que hoy, restaurados o reconstruidos, constituyen el orgullo de sus ciudadanos, entre otros: el Hotel Mascote y El Louvre.


Sin orden cronológico y en rápida sucesión Miriam Peña enumeró batallas ganadas a la demolición, como: La glorieta del Parque Vidal, que de manera personal defendió Fausto Vilches de la Maza, entonces Historiador de la Ciudad, quien dijo que «para destruirla había que hacerlo con él sentado abajo»; los murales de la Escuela Viet Nam Heroico (ya en franco deterioro) y la decisiva participación en su restauración de la pintora Aida Ida Morales; y El Billarista, actualmente en reconstrucción y futura tienda recaudadora de divisas, en Santa Clara. Citamos en Sagua la Grande: El puente El Triunfo, obra de incalculable valor tecnológico, y los Mogotes de Jumagua, emblemáticos por aparecer en el Escudo de la localidad, llamados a desaparecer como cantera para la construcción de una obra en Ciudad Habana.


Y habló de nombres imprescindibles a lo largo de los años: Eduardo González, Pedro Hernández, Xiomara Fenty, Teresa García, María Antonieta Enríquez, Julián González, Nelly Valdés, Natalia Raola, Elena Gutiérrez, Miguel Madariaga, Remberto Martínez, José Linares, Roberto Ávalos... El listado pudiera ganar en extensión, sino fuera por esas maldades que nos juega la memoria.


Entre los asistentes hubo invitados de honor que ella misma presentó: Francis Secada, Leyda Quesada, Miriam Aguiar, y Consuelo Lago, mujeres imprescindibles cuando se escriba la historia del patrimonio y de la cultura villaclareña, y para quienes resultó una suerte «encontrar a Miriam Peña en el camino», sentimiento común que resumen la ejecutoria de una persona cuya inteligencia y poder aglutinador, se suman la gran capacidad de trabajo y a la profesionalidad, además de la pasión y el amor con que signó su larga ejecutoria como dirigente. Sin embargo, valen ideas personalizadas:


Leyda: «Miriam nos dio la oportunidad de conocer a todo lo que más valía y brillaba en la museología cubana.» Consuelo: «Hicimos un equipo muy bueno al que le pusimos mucha pasión. Si hoy puedo estar al frente de Cultura en Cifuentes se lo agradezco mucho a Miriam y al grupo de Patrimonio completo.» Miriam Aguiar: «Entré en Cultura a trabajar en la dirección metodológica de biblioteca, fue una etapa bien difícil. Una sola persona para todo. Yo hacía muchas cosas y Miriam, que es una mujer muy sincera y sin pelos en la lengua, me decía que estaba loca.» Francis: «Junto a Miriam aprendí que como arquitecta no solo tenía que salvar un inmueble, sino toda la cultura.»


Lo demás lo suscribieron al comienzo Irina Gutiérrez Pérez, actual directora del Centro Provincial de Patrimonio, y Felicia Fernández Pérez de Alejo, directora de la Oficina de Monumentos: «Cuando la idea de esta charla surgió todo el mundo la apoyó porque necesitábamos un momento de reflexión y de retrospectiva relacionado con nuestro trabajo, con esta obra humana grande, hermosa y difícil.


El tiempo continuará su marcha inexorable. Salvar lo salvable y conservar lo conservable, constituye más que un deber una obligación. Mas, que no falte inteligencia, voluntad y sobre todo pasión. Como la puso otrora Miriam y la pondrán siempre los que recibieron su legado.