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Por Mercedes Rodríguez García. 

Ver un juego de pelota por quien poco sabe de este deporte parece no impregnar apasionamiento a ningún texto. Pero anoche, cuando comprobé  la derrota de Villa Clara frente a  Santiago de Cuba, sentí la necesidad de hacer mi primer comentario deportivo, pese a ser mi favorito el equipo Industriales, destronado de las semifinales. Lo sabía. Que en Santiago, contra Santiago, ningún equipo contrario le gana a los Indómitos. Lo que sucede es que el team de Víctor Mesa  se porta como los buenos periodistas que, apremiados por el cierre, hacen maravillas. 

No dudo que los Naranjas ganen esta 48 Serie Nacional. Víctor es un verdadero show man. Le gusta llamar la atención. Conoce lo que hace y se inspira en sus Santos. Se persigna, hace muecas, manda al carajo a sus peloteros y le canta las cuarenta a los árbritos, mientras se aferra a Yemayá, Changó; a Santa Bárbara, San Lázaro o al mismísimo Jesucristo con spike.  

Un día, hace muchos años, lo confundí con un músico de la orquesta Aliamén, cuando Fulgueiras, mi colega especialista en deportes, me llamó para presentármelo. Una o dos semanas después me lo encontré en El Sótano, un centro nocturno de los más populares en Santa Clara. Me saludó y de seguido me preguntó si sabía quien era él. “De la Aliamén ¿no?”, le respondí. 

Ahora bien sé que no es músico pero que sabe tocar bien “el instrumento”, que entretiene  como buen artista. Que sabe lo que hace y tiene carisma. Y no lo duden. Villa Clara, va a ganar. Pero eso sí, como artífice del baseball, necesita de un escenario cercano, apropiado y candente de emoción beisbolera. Y por supuesto de fanáticos que le rían sus “payasadas”.

Ello lo inspira, lo hace único, grande, virtuoso.