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http://lateclaconcafe.blogia.com En el centro de Cuba. Una página pensada desde el periodismo en todos sus géneros y manifestaciones. Como el café criollo ¡cargadito y humeante! Valiente y sincero. Noticias y comentarios sobre lo que ocurre en nuestra Isla y en el Mundo. Un espacio para teorizar, exponer, argumentar, opinar, reflexionar, polemizar, denunciar. Siempre acercándonos a la verdad y a las causas justas. Lea, saque sus propias conclusiones y envíeme sus comentarios a:
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2009.
Si bien ya nadie muere de amor y en pasión se trueca con frecuencia; si bien asoma lujurioso a veces; si bien a destiempo quiere la mente empujar al cuerpo, ¡qué bueno conocer al menos que existieron amores de por vida, infinitos de rosas y de orquídeas… Por Mercedes Rodríguez García Fotomontaje: Carolina Vilches Monzón. Nadie lo sabe con certeza, pero cuentan que Don Luis Estévez se dedicó a cuidar con sumo esmero el lugar donde descansaban los restos de su querida Marta Abreu, en el cementerio norte de París. Muy temprano en la mañana, sin importarle el frío, le llevaba flores y las arreglaba con cuidado en la jardinera de mármol. Contó algún celador que mientras las colocaba, Don Luis hablaba en voz queda, y que luego, sombrero en mano, completamente vestido de negro, acariciaba una de las aldabas de la parte derecha del sepulcro, como para despertar a su amada que dormía. A partir de aquel 2 de enero de 1909, solo le venían a la cabeza malos pensamientos. Mucho había sufrido desde que declinara a la vicepresidencia de la República. Cierto que el retiro en el central San Francisco, en Cruces, había mejorado su salud algo resquebrajada. Fu Sin dudas que el «Sí» del pueblo venezolano al referéndum del domingo 15 de abril para aprobar la reelección ilimitada de cargos públicos, constituye una nueva etapa para la revolución bolivariana, y de hecho la profundización de los logros sociales y la lucha contra la exclusión y la pobreza. Desde el balcón del Palacio de Miraflores el mandatario agradeció a Dios «esta victoria, limpia, transparente y contundente del pueblo venezolano» ante cientos de partidarios. A su juicio, es imposible que la tendencia victoriosa del «No» sea revertida, y destacó que su victoria supone un triunfo para la Constitución Bolivariana y para el pueblo venezolano, a quien felicitó por permanecer durante 25 horas «batallando» para dar un ejemplo al mundo. Venezuela participó de forma masiva en esta consulta popular para pronunciarse sobre el futuro del presidente y la mayoría lo hizo para darle su apoyo. La enmienda sobre la reelección ilimitada fue aprobada por un 54,36% de los votos frente a un 45,63 por ciento que votó en contra, con una participación del 67,05 del electorado, y la abstención resultó inferior al 27%, la mitad que en las elecciones de 2000, cuando Chávez salió reelegido. Fidel y Evo fueron los primeros en felicitar a Chávez. El líder cubano envió una carta al bolivariano en la que expresó sus felicitaciones para todo el pueblo venezolano «por una victoria que por su magnitud es imposible medirla». Por Mercedes Rodríguez García El genio fue joven y temprano. Y para colmo, de municipio. Mas, como todo genio -ingenio-, incógnito. Lo conocí en Melaíto, suplemento humorístico del periódico Vanguardia, de Villa Clara. Llegado de Sagua la Grande, región del norte villaclareño, en los años setenta: alto, flaco, feo, de ojos enormes. Poca ropa. Pichón plumado, poseído y necesitado de amores. Pintaba, pintaba con lo que encontraba en aquella época, ya entrando los ochenta del pasado siglo. Lo mismo en papel, que en cartón, que cartulina o tela; con óleo, acuarela o simples lápices de colores. No había espacio en blanco, incluso muro, que no cubriera. Y así fue que dejó en la pared, otrora local de los Melaítos, una caja fuerte, tan bien dibujada y pintada, que más de un ladrón trató de abrirla y no pocos indolentes, borrarla. Y supervivió hasta hace poco. Luego de un "remozamiento" aquella camaleónica arca de caudales, tras la que se disimulaba un entresijo de cables y conectores eléctricos, despareció para desdicha particular de la secretaria del director del periódico, de frente ahora a una insípida rosada pared vacía. Mas, de vez en cuando, le cuento la historia a los que llegan: «Ahí, en la esquinita, había una caja fuerte.» Ajubel, a quien siempre llamé Alberto, era rebelde e irreverente; enamorado e íntimo amigo de la noche. Jóvenes todos, el tiempo no contaba. Hasta un día en que voló sin suministrarnos más antecedentes que DDT, el suplemento humorístico de Ju |